Hostia, abuela, pues mira, yo al principio pensaba lo mismo, eh? ¿Chicle para la cebolla? ¿Pero qué coño es esto? Pero te digo una cosa, ¡funciona de putísima madre! No es que sea un milagro ni que no te pique nada de nada, pero se nota un montón, la verdad. Yo lo probé porque una amiga, la Mari, me dijo que con el robot de cocina no me hacía falta, pero que si lo hacía a cuchillo, que me pusiera un chicle. Y joder, la primera vez me pareció una chorrada, pero me puse uno y ¡ni de coña lloré lo mismo! Es como que respiras más por la boca y los vapores esos asquerosos de la cebolla no te van tan directos a los ojos. Así que sí, tía, pruébalo, que no pierdes nada y te aseguro que la cena de batalla no te la cargas. Es un truquito de la hostia para no echar unos lagrimones.