A ver, que una cosa es disfrutar de un buen vino en el txoko como Dios manda, acompañando un buen guiso de los de antes, y otra es esta manía moderna de abrir una botella y dejarla por ahí a medias. ¡Majadero! Uno ya no sabe qué pensar con tanto invento.
Cuando era joven, el vino se bebía hasta el final o se usaba para cocinar al día siguiente, no había neveras para guardar migrañas embotelladas. Pero ahora, con estas botellas que dicen que aguantan... ¿Cuánto tiempo puedo tener una botella de tinto o blanco abierta en la nevera sin que parezca vinagre? Me refiero a que conserve su sabor, su chispita, su auténtico carácter, no esa bazofia insípida en la que se convierte si no se cuida. Nada de inventos raros ni bombas de vacío, hablo de la botella, bien tapada, como toda la vida. ¿Hay alguna regla o es todo cuento?