¡AY, DIOS MÍO, QUÉ CONTRATIEMPO MÁS GRANDE! ¡NO TE PREOCUPES, HIJO! ¡LA CENA NO SE ESTROPEA POR ESO! Mira, coge un tornillo largo que tengas por casa, lo enroscas en el corcho con cuidado, ¡BIEN HASTA EL FONDO! Luego, con unas tenazas o la parte de atrás de un martillo, estiras fuerte. ¡SALE SEGURO! ¡Y así no se pierde el vinito!