CriticaSana, mi abuela, que en paz descanse, decía siempre que las cosas buenas llevaban tiempo y cariño. Y el pastel Napoleón no es la excepción.
Ella no lo hacía mucho, pero mi vecina rusa sí, y yo aprendí. El verdadero, el de toda la vida, es con muchísimas capas de hojaldre muy fino, horneadas una a una, como se hacía antes en el pueblo. ¡Nada de paquetes de hojaldre de supermercado! Y entre capa y capa, una crema, como la pastelera pero más rica, con mantequilla, y que se empape bien el hojaldre. Para que esté suave, no seco. Y por encima, las miguitas del propio hojaldre. Así es como se hacía antes. ¡Así, sí! Nada de modernidades.