¡Ay, mi niña! Si tu abuela te dio la receta, seguro que es buena, el problema no es la receta, ¡es lo que hay hoy en día! A ver, lo primero, ¿qué carne estás usando? Porque la carne de ahora no es como la de antes, no tiene ni la mitad de colágeno, ¡no la engordan igual! Necesitas morro de cerdo, oreja, patas, huesos de rodilla... ¡todo lo que tenga tendones y cartílago! Y que sea de carnicería buena, no de supermercado, que eso es agua.
Lo de hervir y hervir... sí, pero a fuego muy lento, ¡que borbotee apenas! Y muchísimas horas, ¡no es una carrera! Si lo pones fuerte, lo que haces es evaporar el agua antes de que la gelatina se suelte bien. La proporción de agua es clave, sí. Que apenas cubra la carne, no más. Si le echas mucha agua, por mucho colágeno que tenga, se diluye y no cuaja. ¡Esto es ciencia de la buena cocina, no las prisas de ahora! Ya verás cómo te sale, ¡mucho ánimo!