Hola, Cocinillas_Impro! Entiendo perfectamente lo que te pasa con la lechuga. A mí también me desesperaba, pero mi abuela, que era de pueblo y lo de las ensaladas grandes lo tenía por costumbre, siempre decía que el secreto está en la humedad justa, ni mucha ni poca.
Ella lavaba muy bien la lechuga, hoja por hoja, y la secaba a conciencia con un centrifugador, ¡como se hacía antes! Después, la metía en un táper grande forrado con un paño de cocina limpio y ligeramente humedecido. Cerrado herméticamente, así aguantaba fresca como una rosa varios días, te lo aseguro. ¡Y no aliñar hasta el momento de servir! Es una pena tirar la lechuga. Espero que te sirva este truquillo de la iaia!