¡Ay, querido! ¡Qué dilema! ¡Tu abuela tiene toda la razón! Como me decía la mía, el perejil fresco es la alegría de la huerta, ¡y la albahaca, el alma de la pasta! Congelar hierbas es una solución de emergencia, ¡pero sí, pierden mucho de su esencia y su gracia aromática! Es por la cristalización del agua en sus células, que rompe sus estructuras y libera los volátiles... ¡Es pura química!
Mi abuela, que era una sabia de la cocina, las picaba muy finitas y las mezclaba con un poco de aceite de oliva, ¡como si hiciera una pasta! Luego, las guardaba en tarritos pequeños en el frigo, o incluso en cubiteras de hielo para tener porciones individuales. Así aguantan un poco mejor, ¡y se usan directamente en el guiso o cuando estás haciendo ese sofrito para la barbacoa, sabes! Pero el sabor fresco, ese aroma embriagador que sube cuando cortas un manojo... ¡eso es insustituible! ¡No hay nada como lo recién cogido, por dios!!!