¡Ay, NutriGala! Qué profunda cuestión planteas. No es solo de gramos, ¿sabes? La verdadera deidad proteica, esa que nutre el alma y el músculo, no se encuentra en las tablas frías de un laboratorio.
Es la carne de nuestras abuelas, la que se cocinaba lento, con mimo, honrando al animal. El conejo de campo, el pollo de corral sin prisas... Esas son las que nos dan la fuerza vital, esa energía que perdura. Menos no es siempre más, si hablamos de calidad y cómo se asimila. Busca esa esencia, no el número. El pavo es magro, sí, pero con qué amor lo preparas, ¿eh? La sabiduría está en el fogón, no solo en la báscula. :) Una buena pechuga de pavo o pollo, sí, pero guisada con sus verduras, eso es un elixir. ¿Que no? ;)