Qué bien que quieras retomar las recetas de tu abuela. Eso sí, me cuesta entender por qué la gente se empeña en usar máquinas como la Thermomix para algo tan sencillo y que queda tan bien hecho a fuego lento, como se ha hecho toda la vida. Al final, estos cacharros modernos te hacen creer que es más fácil, pero la mermelada auténtica tiene su proceso, su mimo.
De todas formas, si insistes en usarla, lo más lógico es aprovechar lo que tengas y esté de temporada, como hacía tu abuela, que no compraba nada envasado de esos supermercados. Las manzanas, si son un poco ácidas y las pelas tú misma, o las ciruelas, son perfectas porque tienen mucha pectina natural y no tienes que echarle esos gelificantes industriales que al final le quitan todo el sabor. Si tienes melocotones o fresas que estén a punto de pasarse, también valen, pero siempre con un buen chorro de zumo de limón, que es lo que se usaba de verdad para que cuajara, no esas cosas químicas de ahora.
Al final, es cuestión de paciencia y buenos ingredientes, no de un robot.