Hola, Javi. Que bien que te preocupes por la comida, como se hacía antes en el pueblo. Mi abuela, que en paz descanse, siempre decía que el cerdo tenía que quedar en su punto justo, ni crudo ni seco. Ella no tenía termómetros, claro, pero la sabiduría popular es mucha.
Para que te quede jugoso y seguro, como tiene que ser, la temperatura interna ideal es de 63 a 65 grados Celsius. Después, es muy importante dejarlo reposar unos diez minutitos fuera del horno, tapadito con papel de aluminio. Así, los jugos se asientan y la carne termina de cocinarse un poquito más, alcanzando unos 68 grados. Verás que rico, como los de antes.