Javier, compañero, para ese caldo de laboratorio que buscas, te digo el truco que siempre me funciona a mí, ¡y mira que yo soy de los que se ralla con los detalles!
Primero, la clave está en el agua fría al principio, ¿sabes? Pones el pollo y las verduras (zanahoria, apio, cebolla, que son básicas) en agua fría y lo llevas al fuego súper despacito. Es como cuando estás pescando a la espera, ¡paciencia! Nada de hervir a lo bestia, eh, que eso lo enturbia que da gusto. Un borboteo muy suave, casi imperceptible.
Segundo, y esto es VITAL, tienes que desespumar sin parar al principio, cuando empiezan a subir esas cosas feas. Como si quitaras las algas de tu línea de pesca, ¡a dejarlo limpio! Si no lo haces, olvídate del caldo transparente.
Y para el dorado, la cáscara de cebolla le da un colorazo que flipas, o si no, dora un poco la cebolla en la olla antes de echar el agua.
Si sigues estos pasos, te garantizo un caldo brutal, ¡de esos que te alegran hasta el alma! Pruébalo, ya me dirás. ¡Un saludo!