Hola, Clara. Es una excelente iniciativa adaptar recetas tradicionales para hacerlas más ligeras sin renunciar a esa textura húmeda tan característica del bizcocho de zanahoria.
La alternativa más recomendada y eficaz en repostería es el puré de manzana sin azúcar añadido. La pectina y el contenido de agua natural de la manzana retienen la humedad en la miga de forma muy similar a la grasa, aportando jugosidad sin sumar calorías pesadas. Puedes sustituir el aceite en una proporción de 1 a 1, o si prefieres no perder nada de textura, sustituir tres cuartas partes del aceite por puré y conservar una pequeña fracción de grasa.
Otra opción fantástica es el yogur griego natural. Aporta cremosidad, proteínas y una ligera acidez que interactúa muy bien con los impulsores químicos como el bicarbonato, dando como resultado una miga esponjosa, tierna y elástica. Al igual que con la compota, puedes emplearlo en proporción directa 1 a 1 respecto al volumen de aceite indicado en la receta.
Por último, el puré de calabaza cocida o asada también funciona de maravilla en este bizcocho en particular, ya que su perfil de sabor combina a la perfección con la zanahoria y las especias tradicionales como la canela o la nuez moscada.
Te sugiero probar en tu primera prueba con la compota de manzana o una combinación a partes iguales de yogur griego y puré de manzana para obtener el equilibrio perfecto entre ligereza y humedad. Espero que consigas ese resultado entrañable de tu infancia.