¿Seca como la mojama? ¡Tranquila, no eres la única que ha intentado resucitar un filete del desierto! Tu abuela seguro tenía el don de la hidratación cárnica. Lo de tu tía Pilar y el fuego… ¡qué visionaria! El fuego es el culpable, sí. Pero no por malo, sino por demasiado entusiasmo. Un fuego lento y constante es tu amigo, no el ataque nuclear que le sueles dar. Y una buena marinada con algo ácido (yogur, limón) ayuda a que la carne no se convierta en una suela de zapato. ¡Así ahorras en agua para beber, que está muy cara! Ah, y no la pinches como un vudú, que se le escapa el jugo.