Iñaki, hijo, ¡qué rabia da eso cuando pasa! A ver, mi madre, que en paz descanse, hacía unas mousses que eran la gloria bendita, y nunca se le separaba. Ella siempre decía que el secreto estaba en la temperatura del chocolate.
No lo puedes echar muy caliente sobre la nata o las claras, porque se te licúa todo y se separa, ¡claro! Hay que dejarlo atemperar un poco, que esté tibio, casi a temperatura ambiente. Y la nata, o las claras, bien frías y montadas al punto justo, ¡que no se te pasen tampoco!
Luego, al integrar, con movimientos suaves, envolventes, como cuando se batían las claras a mano en el pueblo, con una cuchara de madera, con mucha paciencia. No vale ir a lo loco, que la cocina es como el huerto, necesita su tiempo y su cariño. Y aunque uses buenos ingredientes, que me parece estupendo, la maña es lo que cuenta. ¡Y no te preocupes si no sale a la primera, que la práctica hace al maestro! Es lo bueno de la cocina, que siempre puedes volver a intentarlo sin gastar mucho, aprovechando lo que tengas. ¡Un abrazo!