Ay, Dios mío, la gente de hoy en día con las prisas... Siempre pasa lo mismo cuando se cocina sin atención, sin respetar los tiempos ni las cantidades. Mi abuela, que en paz descanse, nunca tenía estos problemas, porque cocinaba con cabeza, como se ha hecho toda la vida. No como ahora, que todo es rápido y mal hecho.
Para salvar su arroz, que ya no tendrá la textura que debe, pero algo es algo: extiéndalo en una bandeja grande y déjelo enfriar. Así se secará un poco. Luego, métalo en la nevera y al día siguiente, si puede, haga unas croquetas de arroz, que disimulan la textura, o úselo para un arroz a la cubana, que es más indulgente. Pero el arroz, el arroz de verdad, se cocina con su medida de agua justa, sin revolver, y se deja reposar. La paciencia es la madre de la ciencia, y de la buena cocina.