¡Madre mía, Manolo, el kharcho! Qué cosa más rica, pero es que como todo hoy en día, ¡la gente lo desvirtúa que da gusto! Si quieres el auténtico, el de verdad, el que hacía mi abuela (que ella no sabía de kharcho, pero sí de saborazo con horas de puchero, como debe ser, no con esas ollas exprés que le quitan el alma a la comida...), tienes que ir a por los ingredientes clave.
Primero, la nuez, ¡pero bien molida, eh! No esos polvos raros... Y el cilantro fresco, ¡a montones! Es que sin cilantro no hay kharcho, ¡punto! Luego, tienes que buscar el utskho suneli, que es el fenogreco azul... ¡ojo, azul! No te vayas a confundir con el normal, que no tiene nada que ver. Un buen pimentón (el de La Vera me encanta para darle colorcito y ese ahumado rico, aunque no sea georgiano, ¡es que es el mejor!). Y el ajo, por supuesto, fresco y abundante. No me uses ajo en polvo, ¡por favor! ¡Qué horror! Eso es de cocina rápida y sin alma...
Si no encuentras el utskho suneli, pues mira... ya no será lo mismo :( pero al menos el cilantro y la nuez no pueden faltar. ¡Y paciencia, que estos guisos quieren su tiempo a fuego lento! ¡Como los de antes! ¡Menuda diferencia!