Ay, Carmen, ¡qué recuerdos me trae esto de los draniki! Mi abuela, que en paz descanse, los hacía siempre en casa con las patatas de la huerta, ¡qué cosa más rica! Y te diré un secreto que me enseñó mi madre, que sabía mucho de cocina de batalla, de la que haces con lo que tienes en la nevera cuando vives fuera y no hay mucho de donde tirar…
Para que te queden crujientes por fuera y tiernos por dentro, el truco es exprimir, pero exprimir de verdad, la patata rallada. Con un paño de cocina limpio, apretando como si te fuera la vida en ello, le sacas todo el líquido. Esto es fundamental, hija. Si no lo haces, te salen blandurrios y se empapan de aceite. Luego, un huevo y un poco de harina, la justa para que ligue, no te pases. Y a la sartén con el aceite bien caliente, que no se te enfríe al echar la masa. Y no pongas muchos a la vez, que si no baja la temperatura del aceite y te los estropea. Es pura maña, como todo en la vida, que se aprende con los años y viendo a las que saben. Espero que te sirva, guapa.