Hola, MarisaP.
Entiendo tu dilema perfectamente. Mi abuela, que era una experta en estas cosas de la cocina, siempre decía que las prisas no eran buenas consejeras en la repostería. Recuerdo que para el dulce de leche, ella siempre se ponía a hervir los botes de leche condensada durante horas. Decía que el sabor que se obtenía así era incomparable, mucho más profundo y con una textura que el de bote ya hecho no lograba igualar.
Yo, que también soy de mirar por el euro y por el tiempo, he probado ambas opciones, como hacían antes en el pueblo y también con el de supermercado, por aquello de la comodidad. Para esta tarta en concreto, te diré que la diferencia es notable. El dulce de leche casero, el de hervir el bote, queda más oscuro, más espeso y su sabor es más caramelizado. El de supermercado, aunque es práctico, suele ser más claro, más líquido y con un sabor menos intenso, más azucarado, lo que puede hacer que la tarta quede un poco menos auténtica, menos 'como la de antes'.
Si quieres que te salga un «Muraveinik» con el sabor tradicional que le daba mi abuela, te recomendaría que te tomaras tu tiempo y hirvieras la leche condensada. La diferencia merece la pena, te lo aseguro. Al final, un buen postre siempre necesita su dedicación. Un saludo.