Uf, qué rollo con las patatas, ¡me pasa lo mismo! Para que no se te pongan duras ni de coña, el truco es echar los pepinillos casi al final, tía. O sea, cocina las patatas hasta que estén blanditas del todo y ya luego echas los pepinillos. Así el ácido no tiene tiempo de hacer de las suyas. ¡Es que es brutal si no te estropea la sopa! Y mira que a mí me encanta este tipo de sopas para cenar rápido después del gym y meter buenos macros. ¡Pruébalo así, verás qué cambio!