Hola Sergio. Es un placer ayudarte con esta preparación. El leicaj o lekach es uno de esos bizcochos tradicionales maravillosos, pero entiendo perfectamente tu temor a que quede denso y pesado, ya que la miel es un ingrediente denso por naturaleza.
Para conseguir que quede aireado y muy jugoso con ingredientes corrientes de cualquier supermercado, el secreto está en la técnica de emulsión y en los líquidos que acompañan a la miel.
En primer lugar, los ingredientes básicos que necesitas son: 3 huevos grandes, 250 gramos de miel, 150 gramos de azúcar (preferiblemente moreno, aunque el blanco sirve igual), 120 mililitros de aceite vegetal neutro (de girasol o maíz), 150 mililitros de café negro fuerte o té negro bien cargado (templado), 300 gramos de harina de trigo común de repostería, 1 sobre de polvo para hornear (unos 15 gramos), media cucharadita de bicarbonato de sodio, una pizca de sal y las especias clásicas: una cucharada de canela en polvo y, si te gusta, un toque de nuez moscada o jengibre y ralladura de una naranja.
El procedimiento paso a paso para asegurar la esponjosidad es el siguiente:
1. El aire inicial: bate los huevos enteros junto con el azúcar durante al menos 5 o 6 minutos a velocidad alta, hasta que dupliquen o tripliquen su volumen y adquieran un tono pálido y espumoso. Este paso es fundamental para que la masa no quede compacta.
2. La integración de los líquidos: añade el aceite en forma de hilo fino mientras sigues batiendo suavemente. Luego incorpora la miel (si está muy espesa o cristalizada, caliéntala unos segundos en el microondas para que esté fluida pero no caliente) y la ralladura de naranja.
3. Los secos tamizados: en un cuenco aparte, tamiza la harina junto con el polvo para hornear, el bicarbonato, la sal y las especias. El bicarbonato es clave porque reacciona con la acidez natural de la miel y el café, generando burbujas y un precioso color caoba.
4. Alternar secos y líquido: añade la mezcla de harina en tres tandas, alternándola con el café o té templado, mezclando siempre con una espátula o batidor de mano con movimientos envolventes, solo hasta que desaparezcan los restos de harina. No batas de más para no desarrollar el gluten.
5. Horneado: vierte la masa en un molde rectangular alargado (tipo plum cake o budín) previamente engrasado y forrado con papel de hornear. Hornea a 160 o 170 grados Celsius (calor arriba y abajo, sin ventilador) durante unos 45 a 55 minutos. No abras el horno durante la primera media hora. Sabrás que está listo cuando al pinchar el centro con un palillo salga limpio.
Respecto a la conservación y el congelado, tengo excelentes noticias:
La miel es un humectante natural extraordinario, lo que significa que este bizcocho no solo aguanta toda la semana, sino que mejora con los días. A partir del segundo o tercer día, los aromas se asientan y la miga se vuelve todavía más tierna y húmeda. Basta con guardarlo bien envuelto en papel film o dentro de un recipiente hermético a temperatura ambiente, y se mantendrá perfecto durante 7 a 10 días.
Para congelarlo, córtalo en rebanadas individuales una vez que se haya enfriado por completo, envuelve cada porción de manera individual en plástico film y guárdalas dentro de una bolsa con cierre hermético en el congelador. Te durará hasta 3 meses. Por las mañanas, solo tienes que sacar tu porción unos 15 o 20 minutos antes, o darle unos 20 segundos de descongelado suave en el microondas o una pasada rápida por la tostadora, y estará como recién horneado.
Espero que te animes a prepararlo y que disfrutes mucho de los desayunos de esta semana.