Para albóndigas de dieta, el pan es un no rotundo. Yo en la cocina siempre he dicho que hay que innovar. Mira, la avena molida, de la que usas para el desayuno, va de perlas. Aglutina sin aportar excesos. Ojo, que sea fina. También puedes probar con arroz blanco cocido y ligeramente machacado, que le da una textura muy curiosa y liga muy bien. Otra opción, que es de mis favoritas y la he sacado de algún que otro recetario antiguo, es la verdura rallada. Calabacín o zanahoria, bien escurridos, aportan fibra y ligereza. Es cuestión de técnica culinaria, saber qué ingrediente sustituye a qué sin perder el objetivo. No hay que complicarse la vida, es simple química de cocina.