Tortitas de calabacín y ricotta

Las tortitas de calabacín y ricotta son una variación refinada de un clásico plato casero, donde las notas mediterráneas del queso suave se encuentran con la frescura de la huerta. La ricotta, un queso italiano tradicional de delicado sabor lácteo, aporta a la masa una textura excepcionalmente esponjosa, casi cremosa, lo que distingue esta receta de las versiones clásicas con kéfir o smetana (una nata agria espesa muy común en la cocina eslava). El toque del pimiento morrón no solo llena el plato de colores vibrantes, sino que aporta un dulzor muy agradable que equilibra el aroma del perejil fresco. El uso de harina integral convierte estas tortitas en una opción muy equilibrada para los que buscan sentirse saciados durante horas sin pesadez.

Preparación: 10 minutos
Cocción: 15 minutos
Cantidad: 4 Porciones
Por porción
Calorías: 246 kcal
Proteínas: 10.6 g
Grasas: 17.7 g
Carbohidratos: 12.1 g

Ingredientes

  • 200 g de calabacín (solo la pulpa, sin piel ni semillas)
  • 250 g de queso ricotta
  • 100 g de pimiento dulce
  • 1 huevo
  • 40 g de harina de trigo integral
  • 20 g de perejil fresco
  • 15 ml de aceite de oliva
  • Sal, azúcar y aceite para freír
  • Mantequilla para servir

Cómo preparar tortitas de calabacín y ricotta

Escurre bien la ricotta (si tiene suero), ya que necesitamos que el queso esté lo más seco posible. Pica finamente el perejil y añádelo a la ricotta.

Queso ricotta y perejil finamente picado mezclados en un bol metálico

Para empezar, prepara la base: mezcla la ricotta bien escurrida con perejil fresco muy aromático.

Limpia de semillas un pimiento dulce y carnoso, corta la pulpa en daditos pequeños y únelo a la masa. Para esta receta utilizamos pimiento amarillo, aunque el rojo también le va fenomenal. Es mejor evitar el verde, ya que suele estar menos maduro y su sabor no encaja tan bien.

Daditos de pimiento amarillo cayendo sobre la mezcla de queso ricotta

El pimiento amarillo aporta mucha jugosidad a las tortitas y las hace más coloridas y apetecibles.

Casca un huevo pequeño, vierte un chorrito de aceite de oliva o de girasol, salpimienta a tu gusto y añade una cucharadita rasa de azúcar para equilibrar los sabores salados y dulces.

Huevo crudo recién cascado sobre el bol con los ingredientes de las tortitas

Un huevo y un chorrito de aceite te ayudarán a ligar la masa para poder freírla con facilidad.

Incorpora la harina de trigo integral y mezcla todo muy bien. Si lo prefieres, puedes sustituirla por harina de centeno o de avena, quedará igual de rico.

Harina de trigo integral añadida al bol junto con el queso y las verduras

El uso de harina integral en lugar de harina blanca hace que estas tortitas sean más saludables y ricas en fibra.

Pela el calabacín, córtalo por la mitad y retira la parte central esponjosa con las semillas, dejando solo la pulpa firme. Pícalo finamente y añádelo a la masa. También puedes cortarlo en tiras muy finas con una mandolina, pero no te aconsejo rallarlo porque la masa soltará demasiada agua. Es clave incorporar el calabacín al final del amasado para que la sal no tenga tiempo de ablandarlo y extraer sus jugos. Remueve bien y ya estamos listos para hacer las tortitas.

Trozos de calabacín muy picados integrándose en la masa de las tortitas

Recuerda añadir el calabacín en el último momento para que la sal no tenga tiempo de extraer el exceso de humedad.

Como esta receta lleva muy poca harina, te sugiero hacer tortitas pequeñas. Así se dorarán rápido y te será mucho más fácil darles la vuelta. Vierte una cucharada de aceite para freír en la sartén y caliéntalo. Pon porciones de masa en el aceite caliente dejando un poco de espacio entre ellas; calcula una o dos cucharaditas por cada tortita.

Pequeñas porciones de masa de tortitas friéndose en una sartén con aceite

Coloca la masa en la sartén en pequeñas porciones, dejando espacio suficiente entre ellas para darles la vuelta sin problemas.

Fríelas a fuego medio hasta que adquieran un bonito tono dorado por un lado, dales la vuelta y cocínalas un par de minutos más. Si has cortado las verduras muy finas, con este par de minutos será suficiente.

Tortitas con una costra dorada y crujiente terminando de hacerse en la sartén

Fríe las tortitas a fuego medio hasta que se forme una bonita costra dorada por ambos lados.

Retira las tortitas de calabacín y ricotta de la sartén, úntalas con un poco de mantequilla y apílalas unas sobre otras para que conserven el calor mientras haces la siguiente tanda. Un toque de mantequilla le sentará genial y potenciará el sabor.

Tortitas de calabacín y ricotta recién hechas apiladas sobre un plato

Puedes untar las tortitas calientes con un poco de mantequilla, ya que esto realzará el delicado sabor de la ricotta.

Lo ideal es servir las tortitas de calabacín y ricotta recién hechas, cuando aún conservan su apetitosa corteza crujiente y su tierno calor interior. Como acompañamiento perfecto, te sugiero una buena cucharada de yogur griego espeso o smetana (nata agria), mezclada con unas gotas de zumo de limón y ralladura; esto resaltará el perfil lácteo del queso y aportará una acidez muy elegante. Si quieres convertir este desayuno en un brunch más contundente, acompáñalas con unas lonchas de salmón ahumado o un buen jamón cocido, que harán una pareja excelente con la base de verduras.

Para los amantes de los experimentos culinarios, te recomiendo probar a cambiar el perejil por menta fresca o albahaca, lo que dará a estas tortitas un carácter completamente distinto y refrescante. Para que no pierdan volumen, no las apiles en exceso durante mucho tiempo o el propio vapor las reblandecerá. Y si te sobran algunas porciones, debes saber que aguantan estupendamente en la nevera y están riquísimas frías, convirtiéndose en un bocado ligero a cualquier hora del día.