Tartaletas de manzana y crema de chocolate

Estos pastelitos de manzana y crema de chocolate son un equilibrio sorprendente de texturas, donde una base crujiente se encuentra con un relleno aterciopelado. La combinación de manzana y chocolate es un clásico infalible, que en esta receta se realza con las notas cálidas de la miel y el aroma especiado de la canela. El olor de la masa de miel horneándose llenará tu cocina de hogar al instante, mientras que los brillantes gajos de fruta caramelizada hacen que la presentación sea muy festiva. Este postre es el broche de oro perfecto para una comida familiar o un acompañamiento exquisito para una buena taza de café.

Preparación: 25 minutos
Cocción: 25 minutos
Cantidad: 6 Porciones
Por porción
Calorías: 385 kcal
Proteínas: 5 g
Grasas: 21 g
Carbohidratos: 44 g

Ingredientes para la masa

  • 40 g de aceite vegetal
  • 40 g de leche
  • 130 g de harina de trigo
  • 1/2 cucharadita de levadura química
  • 20 g de miel

Ingredientes para el relleno

  • 1 manzana grande
  • 15 g de azúcar
  • canela molida al gusto
  • 10 g de mantequilla
  • 60 g de mermelada de albaricoque

Ingredientes para la crema y decoración

  • 100 g de chocolate con leche
  • 50 g de queso mascarpone
  • 100 g de leche condensada
  • anacardos y fideos de colores para decorar

Elaboración de las tartaletas de manzana y crema de chocolate

Preparamos la masa. En el bol de la batidora vierte el aceite vegetal suave, añade la leche y la miel. Mezcla bien, incorpora la harina y la levadura química. Amasa rápidamente; si ves que la masa queda muy blanda y pegajosa, añade un poco más de harina. Deja reposar la masa lista entre 10 y 15 minutos.

Masa para tartaletas mezclándose en el bol de la batidora

La masa queda suave y elástica. Es muy importante dejarla reposar entre 10 y 15 minutos antes de darle forma.

Divide la masa en 6 partes iguales, te resultará más cómodo hacerlo con la ayuda de una báscula. Al tener porciones idénticas, las tartaletas se hornearán de manera uniforme y tendrán el mismo tamaño.

Seis porciones de masa para tartaletas alineadas sobre una tabla

Usa una báscula de cocina para dividir la masa en porciones exactas, así asegurarás un horneado uniforme.

Para hornear puedes usar moldes de magdalenas metálicos o de silicona; si usas metálicos, es mejor forrarlos con papel vegetal. Recorta círculos de papel del tamaño adecuado. Pon una bolita de masa sobre el papel y estírala casi hasta los bordes. Coloca la masa en el molde y presiona ligeramente los bordes. No hace falta engrasar los moldes de silicona, pero te aconsejo untar con un poco de aceite el papel de horno normal para que la masa no se pegue.

Masa estirada y colocada dentro de moldes metálicos para magdalenas

Colocamos la masa en los moldes previamente forrados con papel vegetal, estirándola con cuidado hasta los bordes.

Precalienta el horno a 180 grados Celsius. Introduce los moldes con la masa en el horno caliente durante 22-25 minutos, horneando hasta que adquieran un bonito tono dorado.

Bases de tartaleta recién horneadas y doradas en sus moldes

Horneamos las bases hasta que adquieran un precioso color dorado. Deben quedar crujientes por fuera y tiernas por dentro.

Corta una manzana grande agridulce en gajos. En una sartén ligeramente engrasada con una gotita de aceite, pon la mantequilla y luego los gajos de manzana. Espolvorea con azúcar y canela molida. Cocina durante 3 minutos por cada lado y deja enfriar a temperatura ambiente.

Gajos de manzana con canela dorándose en una sartén

Salteamos los gajos de manzana con azúcar y canela en mantequilla hasta que estén muy tiernos y aromáticos.

Preparamos la crema de chocolate. Funde el chocolate con leche al baño maría o en el microondas. Deja enfriar el chocolate fundido hasta los 30 grados Celsius y añade el queso mascarpone. Bate el chocolate con el mascarpone e incorpora la leche condensada en pequeñas tandas. Si la crema te parece poco dulce, puedes añadir un poco de azúcar glas. Pasa la crema a una manga pastelera con boquilla de estrella y guárdala en la nevera durante 10 minutos.

Crema de chocolate y mascarpone batiéndose en un bol

Batimos el queso mascarpone con el chocolate fundido y la leche condensada hasta lograr una crema densa y muy estable.

Desmolda las bases de las tartaletas. Sobre las bases ya frías, pon una capa generosa de mermelada de albaricoque, que no solo aporta sabor, sino que actúa como pegamento para unir las manzanas y la crema con la base.

Mermelada de albaricoque extendida sobre las bases de tartaleta

Una capa de mermelada de albaricoque aporta una rica acidez frutal y ayuda a fijar las manzanas en la base.

Coloca los gajos de manzana ya fríos sobre la mermelada de albaricoque.

Gajos de manzana caramelizada colocados sobre las bases con mermelada

Sobre las bases ya untadas con mermelada, disponemos los aromáticos gajos de manzana caramelizada fríos.

Cubre las tartaletas con la crema de chocolate usando la manga pastelera. Decora con anacardos y fideos de colores. Deja reposar los pastelitos en la nevera hasta el momento de servir.

Pastelitos de manzana decorados con crema de chocolate, anacardos y fideos de colores

El toque final: decoramos las tartaletas con anacardos y fideos de colores para darles un aire festivo.

Es mejor servir estas tartaletas de manzana y crema de chocolate tras un breve reposo en la nevera; así la crema de mascarpone se asienta y queda aún más suave. Si te apetece experimentar, prueba a cambiar el chocolate con leche por chocolate negro para un contraste más intenso, o añade un poco de ralladura de naranja al relleno de manzana. Guarda el postre en un recipiente hermético en la nevera durante un máximo de dos días para que la base mantenga su textura crujiente. Para una presentación de diez, puedes espolvorear la punta de la crema con un poco de cacao en polvo o coronar con unas hojitas de menta fresca justo antes de llevar a la mesa. Si no tienes anacardos a mano, puedes usar almendras laminadas o avellanas picadas, que resaltarán los toques a frutos secos de la base de miel. Estas pequeñas joyas de repostería demuestran que con ingredientes sencillos de andar por casa se puede crear un bocado de nivel de restaurante.