La tarta de albaricoque y ricotta es una tarta de queso casera muy fácil de preparar en la que, en lugar del habitual queso crema, se utiliza una delicada ricotta que aporta al postre una ligereza especial y un encanto mediterráneo. El uso de la ricotta en repostería es una larga tradición de la cocina italiana, que permite crear postres con menos grasa pero con una textura increíblemente cremosa. Es importante elegir fruta lo más dulce y madura posible, ya que es durante el proceso de horneado cuando los albaricoques revelan su profundo aroma y adquieren una agradable consistencia melosa. La masa quebrada dorada combinada con las brillantes mitades de fruta hace de esta tarta una verdadera joya para la mesa y el acompañamiento perfecto para una taza de té aromático.

La aromática tarta de albaricoque y ricotta está lista. ¡El acompañamiento perfecto para tomar el té en casa!
Ingredientes para la masa
- 180 g de harina de trigo
- 40 g de azúcar glas
- 90 g de mantequilla
- 2-3 cucharadas de agua helada
- 1/3 de cucharadita de levadura química
- Una pizca de sal
Ingredientes para el relleno
- 250 g de ricotta
- 120 g de azúcar blanco
- 2 huevos
- 35 g de maicena
- Extracto de vainilla
- 4-5 albaricoques grandes
Cómo hacer la tarta de albaricoque y ricotta
Preparamos la masa. Tamiza la harina de trigo en un bol. Añade la levadura en polvo y el azúcar glas. Mezcla bien los ingredientes secos y, a continuación, añade la mantequilla cortada en dados. Frota la mantequilla con la harina con las manos hasta formar unas migas mantecosas. Disuelve una pizca de sal en agua fría y añádela a la masa. Dependiendo de la humedad de la harina, puede que necesites 2 o 3 cucharadas soperas de agua. ¡Añade el agua poco a poco!

Frotamos la mantequilla fría con la harina hasta formar unas migas finas; esta es la base de nuestra masa quebrada.
Pasa la masa a la mesa de trabajo, amásala rápidamente con las manos, forma una bola y envuélvela en papel film. Deja reposar la masa en la nevera entre 15 y 20 minutos.

Forma rápidamente una bola con la masa. Es importante no calentarla demasiado con las manos para que la base quede desmenuzable.
Espolvorea la tabla y el rodillo con harina. Pon la masa sobre la tabla y estírala hasta formar un círculo fino.

Estiramos la masa formando un círculo. Utiliza un poco de harina para que la masa no se pegue al rodillo.
Traslada la masa con la ayuda del rodillo a un molde metálico con un borde en relieve no muy alto. Presiona la masa contra el fondo y los lados del molde para formar la base de la tarta. Guarda la base así formada en la nevera. Mientras tanto, precalienta el horno a 180 grados Celsius y prepara el relleno.

Trasladamos la masa al molde y formamos unos bordes limpios. Después, es imprescindible enfriar la base.
Preparamos el relleno. Mezcla la ricotta con el azúcar blanco o glas y añade una cucharadita de extracto de vainilla.

Para el relleno, mezclamos la ricotta con el azúcar. La ricotta le dará a la tarta una textura delicada y cremosa.
Casca los huevos.
Añade la maicena. Para equilibrar el dulzor, puedes añadir una pizca de sal fina en este momento.

La maicena es un ingrediente importante que hará que el relleno quede espeso y manejable al cortarlo.
Tritura el relleno de ricotta con una batidora hasta que la mezcla quede homogénea. En este punto, el relleno será líquido, es normal.

Batimos la mezcla con la batidora hasta que quede completamente homogénea para que no queden grumos en el relleno.
Saca la base refrigerada de la nevera y vierte el relleno en el molde.
Corta por la mitad los albaricoques maduros y dulces y retírales el hueso. Coloca los albaricoques en el molde con el corte hacia abajo. El molde no debe ser muy profundo, de lo contrario la fruta se hundirá y no se verá. Esto no afectará al sabor de la tarta, pero sí a su aspecto.

Colocamos las mitades de los albaricoques con el corte hacia abajo. Utiliza un molde poco profundo para que la fruta se quede en la superficie.
Pincela los albaricoques que sobresalgan con una gotita de agua y espolvoréalos con azúcar blanco.

Espolvoreamos los albaricoques con azúcar; esto creará una agradable nota acaramelada y realzará el sabor de la fruta.
Mete la tarta en el horno bien caliente. Hornea en el nivel medio durante unos 35 minutos, hasta que la corteza esté dorada y la parte superior de la tarta haya cuajado. El tiempo exacto de horneado depende de las características de tu horno y de la altura del molde, por lo que puede variar ligeramente del indicado.

La tarta está lista cuando los bordes están dorados y el centro del relleno ha cuajado. Déjala enfriar un poco antes de servir.
Cuando saques del horno tu tarta de albaricoque y ricotta, déjala enfriar en el molde entre 15 y 20 minutos; esto ayudará a que el relleno se asiente y quede más firme. Para una presentación más sofisticada, puedes espolvorear el postre con un poco de azúcar glas o acompañarlo con una bola de helado de vainilla, que resaltará la calidez del tarta recién hecha. Si te apetece experimentar, prueba a sustituir parte de los albaricoques por melocotones o a añadir un poco de ralladura de limón al relleno para darle un toque cítrico fresco.
Lo mejor es guardar la tarta de albaricoque y ricotta en la nevera, bien tapada para que el delicado relleno no absorba olores extraños. Al día siguiente está aún más rica, ya que la base se impregna de los jugos de la fruta. El secreto para un resultado perfecto es sencillo: no hornees la masa en exceso, debe quedar delicadamente dorada y desmenuzable. ¡Buen provecho y disfruta de cada bocado!


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