Syrniki horneados con nata agria

Los syrniki horneados con nata agria son una idea genial para darle un toque diferente a este plato que a todos nos encanta. Al hornearse con la salsa, quedan supertiernos, casi como pequeños pasteles de queso, y desprenden un aroma a nata inconfundible. Es una receta sencilla a base de tvorog (queso fresco granulado), perfecta para el desayuno, la comida o la cena; no en vano, este queso ha sido símbolo de fertilidad y salud en la cultura eslava desde tiempos inmemoriales. Si te sobran syrniki de ayer, no te los comas fríos ni los tires: esta receta les dará una segunda vida, transformándolos en un postre exquisito. Nuestra fórmula «2 en 1» te desvela los secretos para conseguir la textura ideal de la masa y una salsa cremosa que empape cada bocado.

Preparación: 20 minutos
Cocción: 20 minutos
Cantidad: 4 Porciones
Por porción
Calorías: 424 kcal
Proteínas: 13.5 g
Grasas: 29 g
Carbohidratos: 29 g

Ingredientes

  • 200 g de tvorog (queso fresco granulado)
  • 1 cucharada de harina de trigo (para la masa)
  • 1 huevo
  • 2 cucharaditas de azúcar
  • 1 sobre de azúcar avainillado
  • Sal, mantequilla y aceite de girasol, harina para rebozar
  • Miel, mermelada o sirope de frutas para acompañar

Para la salsa

  • 200 g de smetana (nata agria)
  • 50 g de azúcar
  • 100 ml de nata para montar (35% materia grasa)

Cómo preparar syrniki horneados con crema agria

Pasa el tvorog fresco y graso (queso fresco granulado) por un tamiz si tiene grumos. Si está liso, sáltate este paso. Añade al queso un huevo grande y una pizca de sal.

Bol con queso fresco granulado, un huevo y sal listos para mezclar

Para la base, usa queso fresco granulado y graso, añade un huevo y una pizca de sal para equilibrar.

Incorpora el azúcar, añade un sobre de azúcar avainillado o una pizca de vainilla en polvo y mezcla. Espolvorea la harina de trigo.

Añadiendo harina de trigo al bol con la mezcla de queso

Añade la harina de trigo para conseguir la textura adecuada en la masa.

Mezcla todo rápida y concienzudamente. La masa para los syrniki está lista: debe quedar bastante espesa, pero viscosa y pegajosa.

Masa de queso terminada en el bol, lista para formar syrniki

Mezcla muy bien los ingredientes hasta obtener una masa espesa y viscosa.

Espolvorea harina de trigo sobre una tabla y ve colocando porciones de masa con una cucharilla. Con estas cantidades suelen salir unos 10-12 syrniki pequeños.

Porciones de masa de queso distribuidas sobre una tabla con harina

Coloca la masa con una cucharilla sobre la superficie espolvoreada con harina.

Reboza las porciones en la harina y forma pequeñas bolitas rodándolas entre las palmas de las manos. Rebózalas muy bien: esta capa protege la masa y evitará que se quemen incluso al freírlas en mantequilla.

Formando y rebozando bolitas de queso en harina

Forma bolitas uniformes y rebózalas muy bien en harina para protegerlas durante la fritura.

Calienta una sartén, úntala con un poco de aceite de girasol para freír y añade un dado de mantequilla. Freír con esta mezcla de aceite y mantequilla es ideal para conseguir una costra dorada y apetitosa. Coloca las bolitas en la sartén caliente y aplástalas ligeramente con los dedos o una espátula para darles forma de disco. Fríelas a fuego lento hasta que se doren.

Syrniki dorándose en una sartén con aceite y mantequilla

Fríe las piezas en una mezcla de aceite y mantequilla hasta que adquieran una apetitosa costra dorada.

Dales la vuelta y fríelas por el otro lado un par de minutos más, hasta que estén hechas.

Syrniki fritos con un tono dorado intenso en la sartén

Dales la vuelta a los syrniki y fríelos un par de minutos más para dorar el otro lado.

Unta con mantequilla el fondo y los bordes de una fuente apta para horno. Precalienta el horno a 180 grados Celsius.

Untando con mantequilla una fuente de cristal para horno

Unta concienzudamente el fondo y los bordes de la fuente con mantequilla.

Coloca los syrniki ya fritos en la fuente, bien juntos.

Syrniki dorados colocados juntos en una fuente para hornear

Coloca los syrniki bien apretados en la fuente apta para horno que has preparado.

Bate la smetana (nata agria) con el azúcar durante unos minutos hasta que los cristales se disuelvan. Incorpora la nata para montar; así conseguirás una salsa increíblemente deliciosa.

Preparación de la salsa mezclando crema agria, azúcar y nata

Bate la nata agria con el azúcar y la nata hasta disolver completamente los cristales.

Vierte la salsa sobre los syrniki. Introduce la fuente en el horno ya caliente, colocándola en la rejilla central.

Vertiendo la salsa de crema sobre los syrniki en la fuente

Vierte la mezcla de crema sobre los syrniki antes de meterlos en el horno.

Hornea durante unos 20 minutos hasta que se forme una costra dorada.

Fuente recién sacada del horno con syrniki cubiertos de crema

Tras 20 minutos en el horno, los syrniki se cubren de una preciosa capa dorada.

Sirve los syrniki horneados con nata agria enseguida, bien calientes. Antes de llevarlos a la mesa, báñalos con mermelada, sirope de frutas o miel. ¡Que aproveche!

Un syrnik servido bañado con miel dorada

Sirve los syrniki bien calientes, regados con miel o tu sirope de frutas favorito.

Por cierto, anímate a probar esta misma receta haciendo los syrniki con sémola: solo tienes que cambiar la harina de trigo de la masa por sémola de trigo para conseguir una textura más rústica e interesante. Estos syrniki horneados con nata agria ganan en sabor si añades a la masa de queso un puñado de pasas, arándanos secos o fruta escarchada muy picadita. No tengas miedo de jugar con los aromas: una pizca de ralladura de limón o naranja en la salsa le dará un toque cítrico muy refrescante.

Para una presentación de diez, te recomiendo llevarlos a la mesa muy calientes, directamente en la fuente, mientras la salsa conserva toda su cremosidad. Por encima, puedes acompañarlos con miel líquida, tu sirope de frutos rojos favorito o unas frambuesas y fresas frescas. Si tienes pensado guardar unos pocos para después, mételos en un recipiente hermético en la nevera (aguantan bien un par de días) y caliéntalos a baja potencia en el microondas para no perder la esponjosidad del queso.