Los syrniki horneados con nata agria son una idea genial para darle un toque diferente a este plato que a todos nos encanta. Al hornearse con la salsa, quedan supertiernos, casi como pequeños pasteles de queso, y desprenden un aroma a nata inconfundible. Es una receta sencilla a base de tvorog (queso fresco granulado), perfecta para el desayuno, la comida o la cena; no en vano, este queso ha sido símbolo de fertilidad y salud en la cultura eslava desde tiempos inmemoriales. Si te sobran syrniki de ayer, no te los comas fríos ni los tires: esta receta les dará una segunda vida, transformándolos en un postre exquisito. Nuestra fórmula «2 en 1» te desvela los secretos para conseguir la textura ideal de la masa y una salsa cremosa que empape cada bocado.

Tiernos syrniki caseros, horneados bajo una espesa salsa de crema agria hasta conseguir una costra dorada.
Ingredientes
- 200 g de tvorog (queso fresco granulado)
- 1 cucharada de harina de trigo (para la masa)
- 1 huevo
- 2 cucharaditas de azúcar
- 1 sobre de azúcar avainillado
- Sal, mantequilla y aceite de girasol, harina para rebozar
- Miel, mermelada o sirope de frutas para acompañar
Para la salsa
- 200 g de smetana (nata agria)
- 50 g de azúcar
- 100 ml de nata para montar (35% materia grasa)
Cómo preparar syrniki horneados con crema agria
Pasa el tvorog fresco y graso (queso fresco granulado) por un tamiz si tiene grumos. Si está liso, sáltate este paso. Añade al queso un huevo grande y una pizca de sal.

Para la base, usa queso fresco granulado y graso, añade un huevo y una pizca de sal para equilibrar.
Incorpora el azúcar, añade un sobre de azúcar avainillado o una pizca de vainilla en polvo y mezcla. Espolvorea la harina de trigo.
Mezcla todo rápida y concienzudamente. La masa para los syrniki está lista: debe quedar bastante espesa, pero viscosa y pegajosa.
Espolvorea harina de trigo sobre una tabla y ve colocando porciones de masa con una cucharilla. Con estas cantidades suelen salir unos 10-12 syrniki pequeños.
Reboza las porciones en la harina y forma pequeñas bolitas rodándolas entre las palmas de las manos. Rebózalas muy bien: esta capa protege la masa y evitará que se quemen incluso al freírlas en mantequilla.
Calienta una sartén, úntala con un poco de aceite de girasol para freír y añade un dado de mantequilla. Freír con esta mezcla de aceite y mantequilla es ideal para conseguir una costra dorada y apetitosa. Coloca las bolitas en la sartén caliente y aplástalas ligeramente con los dedos o una espátula para darles forma de disco. Fríelas a fuego lento hasta que se doren.

Fríe las piezas en una mezcla de aceite y mantequilla hasta que adquieran una apetitosa costra dorada.
Dales la vuelta y fríelas por el otro lado un par de minutos más, hasta que estén hechas.
Unta con mantequilla el fondo y los bordes de una fuente apta para horno. Precalienta el horno a 180 grados Celsius.
Coloca los syrniki ya fritos en la fuente, bien juntos.
Bate la smetana (nata agria) con el azúcar durante unos minutos hasta que los cristales se disuelvan. Incorpora la nata para montar; así conseguirás una salsa increíblemente deliciosa.
Vierte la salsa sobre los syrniki. Introduce la fuente en el horno ya caliente, colocándola en la rejilla central.
Hornea durante unos 20 minutos hasta que se forme una costra dorada.
Sirve los syrniki horneados con nata agria enseguida, bien calientes. Antes de llevarlos a la mesa, báñalos con mermelada, sirope de frutas o miel. ¡Que aproveche!
Por cierto, anímate a probar esta misma receta haciendo los syrniki con sémola: solo tienes que cambiar la harina de trigo de la masa por sémola de trigo para conseguir una textura más rústica e interesante. Estos syrniki horneados con nata agria ganan en sabor si añades a la masa de queso un puñado de pasas, arándanos secos o fruta escarchada muy picadita. No tengas miedo de jugar con los aromas: una pizca de ralladura de limón o naranja en la salsa le dará un toque cítrico muy refrescante.
Para una presentación de diez, te recomiendo llevarlos a la mesa muy calientes, directamente en la fuente, mientras la salsa conserva toda su cremosidad. Por encima, puedes acompañarlos con miel líquida, tu sirope de frutos rojos favorito o unas frambuesas y fresas frescas. Si tienes pensado guardar unos pocos para después, mételos en un recipiente hermético en la nevera (aguantan bien un par de días) y caliéntalos a baja potencia en el microondas para no perder la esponjosidad del queso.











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