Esta sopa vegana de maíz es una opción rápida y sencillísima, ideal para menús vegetales. El resultado es un plato sorprendentemente vistoso, aromático y con ese dulzor natural tan agradable que conquista tanto a grandes como a pequeños. Tardarás apenas media hora en prepararla; te aseguro que no tiene más misterio que montar una ensalada. El maíz ha sido considerado durante siglos el «oro» de los campos, y en esta receta brilla con luz propia, aportando un color soleado y una textura sedosa. Es una idea fantástica para tus comidas de diario, ¡porque un buen menú siempre pide un plato de cuchara reconfortante!

Esta sopa de maíz, tan vistosa y nutritiva, es una opción estupenda para disfrutar de un almuerzo ligero y 100 % vegetal.
Ingredientes
- 400 g de maíz dulce en conserva
- 30 g de harina de maíz
- 120 g de cebolla
- 80 g de puerro
- 120 g de apio
- 20 g de aceite de oliva
- 1/2 l de caldo de verduras
- sal y pimienta negra
- perejil rizado y semillas de sésamo para decorar
Cómo preparar la sopa vegana de maíz
Pica finamente una cebolla grande. Corta el tallo de puerro por la mitad a lo largo, lávalo bien bajo el grifo y pícalo muy fino. A veces queda tierra entre las hojas del puerro, así que es imprescindible lavarlo a conciencia para que luego no cruja la arena en los dientes. Corta los tallos de apio en dados pequeños. Vierte un chorrito de aceite de oliva en una olla, añade las verduras picadas y espolvorea una pizca de sal. Cocina a fuego lento durante 10 minutos, hasta que las verduras se ablanden.

Pochar la verdura a fuego lento hace que se ablande y forme una base muy aromática para nuestro plato.
Para preparar esta receta necesitarás una lata estándar de maíz dulce, que suele rondar los 370-400 g. Reserva la mitad de los granos enteros y tritura el resto junto con su líquido usando una batidora de mano, hasta conseguir una textura homogénea. Yo suelo triturarlo directamente en la propia lata para no manchar más cacharros de la cuenta.

Trituramos una parte del maíz hasta hacer puré; así logramos una textura melosa sin necesidad de usar nata.
Incorpora la harina de maíz a las verduras pochadas, remueve bien y sofríe un par de minutos para que la harina absorba el aceite y se tueste un poco. Si no tienes a mano, es muy fácil hacer harina de maíz en casa: pon un par de cucharadas de sémola de maíz (polenta) en un molinillo de café y tritura durante unos minutos.

La harina de maíz es el truco perfecto para ligar los ingredientes y aportar un toque extra de sedosidad.
Añade a la olla los granos de maíz enteros y el puré que habíamos triturado.

Combinar granos enteros y triturados nos regala un contraste de texturas fabuloso en cada cucharada.
Vierte el caldo de verduras o agua hirviendo. Lleva a ebullición y deja cocer a fuego lento durante 15 minutos. Unos 5 minutos antes de apartarlo del fuego, salpimienta a tu gusto. Hacer un buen caldo de verduras en casa es sencillísimo y siempre viene bien tener reservas en la nevera para salsas y sopas. Para prepararlo, solo necesitas una cebolla, media cabeza de ajos, una zanahoria grande, un trozo de raíz de apio, tallos y raíces de perejil, un par de hojas de laurel y media cucharadita de granos de pimienta negra. Cubre todo con dos litros de agua y cuece durante una hora. No hace falta salarlo. Cuela el caldo resultante, pásalo a botellas o fiambreras y, si quieres, congélalo en raciones de 500 ml.

Cuece el conjunto a fuego suave para que todo quede tierno y el caldo se impregne bien de los matices del maíz.
Sirve esta reconfortante sopa vegana de maíz bien caliente, decora cada plato con un poco de perejil rizado y espolvorea unas semillas de sésamo blanco y negro. Queda de lujo si la acompañas con un pan plano crujiente o un buen pan de pita tierno. ¡Que aproveche!
Si eres de los que prefieren las texturas finas y sedosas, puedes transformar esta sopa en una elegante crema. Solo tienes que triturar todo el conjunto con la batidora al final de la cocción y servirla con unos picatostes de trigo muy crujientes o unas pipas de calabaza tostadas. Esta presentación les suele encantar a los niños y convierte una comida normal en una pequeña fiesta. Para darle un toque más alegre, anímate a echar unas gotitas de aceite picante o una pizca de pimentón de la Vera en el plato: contrastará de maravilla con el dulzor del maíz y le aportará una profundidad de sabor increíble. Si te sobra, aguanta perfectamente en la nevera un par de días; al calentarla, quizá necesites añadir un chorrito extra de caldo si ha espesado demasiado. Esta receta demuestra, una vez más, que la cocina cien por cien vegetal puede ser de lo más saciante, sabrosa y original.
0 comentarios