La sopa de espinacas con bolitas de arroz no es solo una crema ligera de verano con parmesano, sino una auténtica inyección de frescura y salud en un solo plato. Las espinacas, consideradas durante mucho tiempo en Europa como las reinas de la verdura por su altísimo aporte vitamínico, le dan a la receta un color verde esmeralda y una textura increíblemente sedosa. Al añadir estas tiernas bolitas de arroz, transformamos una simple crema en un plato saciante y completo que tendrás listo en apenas media hora. Además, es una receta de aprovechamiento fantástica para darle una segunda vida al arroz blanco cocido que te sobró ayer, convirtiéndolo en un bocado de restaurante que encaja a la perfección con el toque dulce del puerro pochado y las especias.

Una crema de espinacas apetitosa y vibrante con tiernas bolitas de arroz, la opción perfecta para una comida ligera.
Ingredientes
- 200 g de espinacas
- 100 g de cebolleta o puerro
- 60 g de queso parmesano
- 30 g de mantequilla
- 10 g de aceite de oliva
- 20 g de harina de trigo
- 1 l de caldo de carne o pollo
- cúrcuma, asafétida
- sal y pimienta al gusto
Ingredientes para las bolitas de arroz
- 150 g de arroz cocido
- 1 huevo
- 50 g de cebolla o puerro
- pimentón, sal
Cómo preparar la sopa de espinacas con bolitas de arroz
Prepara las bolitas de arroz. Lava bien el arroz redondo, cúbrelo con agua fría en una proporción de uno a uno y llévalo a ebullición. Baja el fuego al mínimo, tapa bien y cocina durante 10 minutos. Retira la olla del fuego, envuélvela con un paño y deja reposar otros 10 minutos. Pasa el arroz cocido a un bol y deja que se enfríe a temperatura ambiente.
Añade al arroz la cebolla previamente sofrita en mantequilla. Te quedará mucho más sabroso si usas puerro, ya que tiene un toque más dulce. Casca un huevo en el bol.
Salpimienta al gusto, echa media cucharadita de pimentón ahumado de la Vera dulce o, si te va el picante, una pizca de cayena molida.

El pimentón de la Vera aporta un aroma ahumado riquísimo, mientras que la cayena le da ese punto picante tan apetecible.
Tritura todos los ingredientes con la batidora de mano hasta conseguir una masa espesa y muy fina.
Con las manos ligeramente húmedas, forma bolitas del tamaño de una nuez, colócalas sobre una tabla y guárdalas un rato en la nevera. Si prefieres, puedes untarte las palmas con unas gotitas de aceite.
Sumerge las espinacas baby en agua fría durante unos minutos, escúrrelas en un colador y lávalas muy bien.
En una olla de fondo grueso, echa un chorrito de aceite y un dado de mantequilla. Pica la cebolleta muy fina, utilizando solo la parte blanca de los tallos. Añade una pizca de sal y sofríe un par de minutos hasta que esté tierna.
Cuando la cebolleta esté blandita, espolvorea la harina de trigo y tuéstala hasta que coja un color dorado. Si buscas una versión sin gluten, sustituye la harina por maicena o almidón de patata; en este caso no hace falta tostarlo, simplemente disuélvelo antes en un poco de agua fría o caldo.
Vierte el caldo de pollo poco a poco sin dejar de remover con unas varillas para deshacer cualquier grumo de harina.
Pica las espinacas ya limpias y échalas a la olla cuando el caldo empiece a hervir.
Añade un tercio de cucharadita de cúrcuma molida y otro de asafétida. No son estrictamente obligatorias, pero le dan un toque delicioso a la receta.
Prueba de sal y pimienta, deja que rompa a hervir y cocina durante unos 5 minutos. Tritura la sopa directamente en la olla con la batidora de mano hasta lograr una textura cremosa.
Incorpora el queso parmesano rallado, remueve bien y mantén la sopa caliente.
Añade las bolitas de arroz. En cuanto la sopa vuelva a hervir y las bolitas suban a la superficie, baja el fuego al mínimo. Cocina entre 1 y 2 minutos más y aparta la olla del fuego. No hiervas las espinacas demasiado tiempo, o su precioso color verde esmeralda se volverá pardo y apagado.

Las bolitas de arroz se hacen muy rápido: basta con un par de minutos una vez que suban a la superficie.
Reparte la crema de espinacas en platos hondos, asegurándote de que todos tengan bolitas de arroz, espolvorea con pimienta negra recién molida y un poco más de parmesano. Sirve inmediatamente, bien caliente.

Lleva la sopa a la mesa recién hecha para disfrutar al máximo de su sabor fresco y su color espectacular.
Lo ideal es servir esta sopa de espinacas con bolitas de arroz al instante, justo cuando su aroma es más intenso y su color natural brilla con fuerza. Para potenciar esa textura cremosa, espolvorea cada ración con un extra de queso parmesano rallado o ponle una cucharada de nata espesa o crema agria (smetana). Si te apetece experimentar, prueba a sustituir el caldo de ave por uno de verduras; tendrás un plato completamente vegetariano que mantendrá todo su carácter gracias a la cúrcuma y la asafétida. Cuando vayas a calentar las sobras, hazlo a fuego suave y sin que llegue a hervir a borbotones, para que las bolitas de arroz no se deshagan y la crema mantenga su sabor delicado. Si te sobra, guárdala en la nevera dentro de un táper hermético como máximo 24 horas, ya que la espinaca fresca es un poco delicada. Toma esta receta como un lienzo en blanco para tu creatividad culinaria: un puñado de piñones tostados o unas gotas de zumo de limón para darle chispa le irán de maravilla.












0 comentarios