Salsa pesto con pipas de girasol

Esta salsa pesto con pipas de girasol es un verdadero hallazgo para quienes valoran las tradiciones italianas pero buscan ingredientes más accesibles para el día a día. En la versión clásica de Génova se usan piñones obligatoriamente; sin embargo, sustituirlos por pipas de girasol aporta una textura más densa y rústica, sin quitarle su noble aroma. El secreto principal reside en utilizar albahaca rizada de hoja grande y un aceite de oliva virgen extra de calidad que integre el picante del ajo tierno y el toque salado del parmesano rallado. Si te apetece experimentar con la profundidad del sabor, prueba a añadir un poco de cilantro o menta fresca: le dará a la mezcla ese carácter refrescante tan apreciado en la cocina mediterránea.

Preparación: 10 minutos
Cantidad: 300 Gramos
Por 100g/ml
Calorías: 526 kcal
Proteínas: 10.3 g
Grasas: 53.2 g
Carbohidratos: 7 g

Ingredientes

  • 100 g de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de pipas de girasol
  • 2-3 dientes de ajo
  • 30 g de queso parmesano
  • 50 g de albahaca fresca
  • 30 g de cilantro
  • 1/2 limón
  • Sal al gusto

Cómo preparar salsa pesto con pipas

Pica finamente un manojo pequeño de cilantro. Puedes añadir diferentes hierbas aromáticas al pesto; aparte del cilantro, queda riquísimo con menta, y con perejil tampoco está nada mal.

Cilantro fresco recién picado sobre una tabla de cortar de madera

El cilantro finamente picado aporta un aroma intenso y refrescante. Si lo prefieres, puedes sustituirlo por perejil o menta.

Pica finamente la albahaca fresca. En esta receta he usado una rizada, de hojas enormes; nunca he encontrado una albahaca más aromática. El olor es tan intenso que se reparte por toda la casa desde la cocina; es la mejor albahaca para un pesto.

Hojas grandes de albahaca verde fresca sobre una tabla con un cuchillo

Para esta receta, lo ideal es usar albahaca rizada de hojas grandes, ya que ofrece el aroma más intenso.

Corta los dientes de ajo tierno. Si el ajo es de invierno, quítale el germen central para suavizar su sabor picante.

Dientes de ajo tierno pelados y cortados sobre una tabla de cocina

Si utilizas ajo de invierno, recuerda quitar el germen de los dientes para conseguir un sabor más suave y evitar que amargue.

Pon el ajo, la albahaca y el cilantro en el vaso alto de una batidora y vierte el aceite de oliva virgen extra.

Vertiendo aceite de oliva en el vaso de la batidora con hierbas frescas

Emplear un aceite de oliva virgen extra de calidad es fundamental para lograr la textura adecuada y un sabor profundo en tu pesto.

Añade el parmesano rallado o cualquier otro queso curado de sabor intenso. Incorpora las pipas de girasol y salpimenta todo al gusto. Puedes tostar las pipas previamente en una sartén sin aceite hasta que estén ligeramente doradas. Exprime el zumo de medio limón o pon los gajos sin piel, asegurándote de quitar tanto la corteza amarilla como la parte blanca (albedo).

Pipas de girasol y sal sobre las hierbas en el interior de la batidora

Las pipas de girasol hacen que la salsa sea más saciante. Puedes tostarlas un poco en una sartén seca para potenciar su sabor.

Tritura los ingredientes hasta formar una pasta verde y espesa; pruébala y añade sal si es necesario. Si la mezcla queda demasiado espesa, vierte un chorrito de aceite de oliva; si está muy líquida, añade un poco de queso y pipas para espesarla.

Triturando los ingredientes del pesto con una batidora de mano

Tritura todos los ingredientes hasta obtener una pasta homogénea y espesa. Ajusta la textura añadiendo más aceite o pipas.

Pasa el pesto con pipas a un bote limpio y seco, ciérralo bien y guárdalo en la nevera. La salsa se conserva en frío durante varios días, ya que el zumo de limón actúa como un buen conservante. Es posible que el pesto se oxide un poco por arriba y se oscurezca; es completamente normal, no pasa nada y no afecta al sabor.

Tarro de cristal abierto con salsa pesto verde en su interior, vista superior

Pasa el pesto listo a un tarro limpio. El zumo de limón de la receta actúa como conservante natural y ayuda a mantener el color.

Esta versátil salsa pesto con pipas será una base excelente para multitud de improvisaciones culinarias. La forma más sencilla de disfrutarla es mezclándola con pasta caliente, añadiendo un par de cucharadas del agua de cocción para crear una emulsión sedosa. Pero no te limites a la pasta: prueba a mezclar una cucharadita de pesto en tu requesón o queso fresco matutino, combínalo con yogur natural para hacer un dip sabroso para verduras crudas, o úsalo como marinada para asar aves y pescados.

Para que la salsa pesto conserve su tono esmeralda más tiempo, guárdala en un bote de cristal pequeño bien cerrado, y vierte una fina capa de aceite de oliva por encima para crear una barrera natural contra el oxígeno. Si la pasta te ha quedado demasiado espesa, ajusta la consistencia con un poco más de aceite justo antes de servir. Anímate a jugar añadiendo ralladura de limón para darle más frescura o tostando ligeramente las pipas en una sartén seca para potenciar aún más su aroma a frutos secos.