¡Dale vida a tus platos con esta vibrante y refrescante salsa de tomates y chile! Originaria de la cocina mexicana pero amada en todo el mundo, la salsa es el epítome de la frescura y el sabor. Esta receta casera es increíblemente fácil de preparar y mucho más sabrosa que cualquier versión comprada. La combinación de tomates jugosos, cebolla dulce, pimiento crujiente y el toque picante del chile, todo realzado con jengibre, cilantro y un toque de limón, crea una sinfonía de sabores que despertará tus sentidos. Es el acompañamiento perfecto para tacos, carnes a la parrilla, pescado o simplemente para disfrutar con unos nachos. ¡Prepárate para crear una salsa que se convertirá en la estrella de tu mesa!
Ingredientes para la salsa con tomates y chile
- 200 g de tomates
- 100 g de pimiento verde
- 50 g de cebolla dulce
- 1 chile
- 1 cucharada de jengibre fresco rallado
- 1 diente de ajo
- unas ramitas de cilantro
- unas ramitas de apio o perejil
- 1/2 limón
- 1 cucharadita de curry en polvo
- aceite de oliva virgen extra
- sal
Modo de preparación de la salsa con tomates y chile
Cortamos la cebolla dulce en cubos pequeños. Este tipo de cebolla se puede sustituir por chalotas dulces, cebolla morada o cebolla común. Si usas cebolla común, es recomendable picarla, cubrirla con agua y un poco de vinagre o jugo de limón, dejarla reposar unos minutos y luego escurrir el agua. Otra opción es colocar la cebolla en un colador, verter agua hirviendo sobre ella y dejarla enfriar. De esta manera, la cebolla pierde su amargor y sabor fuerte.
Exprimimos el jugo de medio limón sobre la cebolla. Con una cuchara o con la mano (usando un guante fino de goma), mezclamos la cebolla con el jugo de limón para que se ablande. Prueba a sustituir el limón por lima y no olvides rallar un poco de su piel para un aroma inconfundible.
Cortamos un chile pequeño en rodajas finas y lo añadimos a la cebolla. Si el chile es muy picante, es mejor quitarle las semillas y las membranas, ya que en estas partes se concentra más capsaicina, la sustancia responsable del picor de las distintas variedades de chile.
Pelamos la raíz de jengibre. Rallamos el jengibre con un rallador fino directamente en el bol. Necesitarás aproximadamente una cucharada de jengibre rallado, lo que equivale a unos 2-3 centímetros de una raíz de grosor medio.
Cortamos el pimiento verde por la mitad. Retiramos el tallo con las semillas y lavamos las mitades con agua. Cortamos la pulpa en cubos del mismo tamaño que la cebolla. Añadimos el pimiento picado al bol.
Cortamos los tomates. Si lo deseas, puedes retirar las semillas. Picamos la pulpa en cubos pequeños y los añadimos al resto de los ingredientes.
Sazonamos la salsa. Espolvoreamos el curry en polvo. Salamos al gusto, queda más sabrosa con sal marina. Añadimos 2-3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. El ligero amargor del aceite de oliva le sentará muy bien.
Picamos unas ramitas de cilantro y apio. Añadimos al bol 2 cucharadas de las hierbas picadas.
Prensamos un diente de ajo. Mezclamos bien la salsa. Dejamos reposar de 10 a 15 minutos para que los jugos de las verduras se combinen e impregnen todos los ingredientes.
¡Y ahí la tienes! Una salsa casera, llena de color y sabor, lista para disfrutar. Lo maravilloso de esta receta es su versatilidad. Sírvela como aperitivo con totopos de maíz, úsala para coronar tus tacos, fajitas o quesadillas, o como un aderezo fresco para pollo o pescado a la plancha. No dudes en experimentar: añade un poco de maíz dulce, aguacate en cubos o incluso mango para un toque tropical. Guarda lo que sobre en un recipiente hermético en el refrigerador por hasta 3 días, aunque su sabor es tan increíble que dudamos que dure tanto. ¡Esperamos que disfrutes de cada bocado de esta deliciosa salsa!










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