Este relleno para crepes con crujientes de piel de pollo es un verdadero festín para quienes no temen a las calorías y adoran los sabores intensos y rústicos. Mientras la piel dorada del pollo suelta su grasa a fuego lento en la sartén, transformándose en trocitos crujientes y llenos de aroma, la cocina se inunda de ese reconfortante olor a ave asada que reúne a todos en la mesa al instante. La combinación del suave arroz cocido, el huevo tierno y la intensidad tostada de la piel crea un contraste de texturas sorprendente. Es un plato que evoca las viejas tradiciones culinarias, donde cada ingrediente se aprovechaba con ingenio para convertirse en un bocado saciante y cálido para toda la familia.

Unos crepes saciantes y tiernos con un original relleno de crujientes de pollo: el plato perfecto para una comida en familia.
Ingredientes para el relleno
- 150 g de arroz
- 80 g de cebolla
- 3 huevos
- Piel de varios muslos o contramuslos de pollo
- Sal y pimienta al gusto
- 200 ml de caldo de pollo para hornear
Ingredientes para los crepes
- 2 huevos
- 450 ml de leche
- 30 g de mantequilla
- 160 g de harina
- Sal, azúcar y bicarbonato
Instrucciones para hacer el relleno de crepes con crujientes de pollo
Te aconsejo preparar la masa para los crepes (blinis finos) con antelación, lo ideal es mezclarla por la noche y dejarla en la nevera. Casca los huevos en un bol, añade media cucharadita de sal, media de bicarbonato y una cucharadita de azúcar. Bate los huevos, incorpora la mantequilla derretida y la leche. Luego, integra los ingredientes líquidos con la harina en pequeñas porciones.

Mezclamos los ingredientes de la masa. Es mejor hacerlo con antelación para que el gluten de la harina se relaje.
Si la masa tiene grumos, pásale la batidora de mano o pásala por un colador. Deja reposar la masa al menos media hora; después del reposo, fríe los crepes en una sartén muy caliente, engrasada con aceite vegetal de sabor suave o grasa.

Si quedan grumos en la masa, pásale la batidora de mano hasta conseguir una textura perfectamente lisa.
Preparamos el relleno. Yo suelo guardar la piel de los muslos de pollo y la congelo. Cuando tengo suficiente, preparo los crujientes. Corta la piel de pollo en tiras finas y ponlas en una olla o sartén antiadherente de fondo grueso. A fuego lento, funde la grasa hasta que los trocitos de piel queden bien dorados y crujientes. También puedes añadir la grasa recortada del pollo. Estos crujientes se conservan muy bien en la nevera. Cuando estén dorados, añade la cebolla finamente picada y sofríe hasta que quede translúcida.

Fundimos la grasa de la piel de pollo hasta que quede crujiente y luego añadimos la cebolla para darle aroma.
Cuece los huevos hasta que estén duros. Rállalos con un rallador grueso o pícalos a cuchillo, y añádelos a los crujientes de pollo con cebolla.

Los huevos cocidos aportan suavidad al relleno y combinan de maravilla con el intenso sabor del pollo.
Lava el arroz blanco de grano corto y cúbrelo con agua en proporción uno a uno. Una vez rompa a hervir, cuécelo tapado durante 10-12 minutos y déjalo reposar otros 10 minutos con la olla bien cerrada y envuelta en un paño para que se hinche con el vapor. Incorpora el arroz listo al resto de los ingredientes del relleno.
Salpimenta el relleno a tu gusto con pimienta negra molida y sal, y mezcla todo muy bien.
Coloca dos cucharadas soperas del relleno de arroz y crujientes en el centro de cada crepe. Dobla los bordes sobre el arroz y enrolla formando un paquetito limpio.
Coloca los crepes rellenos bien juntos en una fuente de horno engrasada. Báñalos con caldo de pollo caliente.

El baño de caldo caliente es el gran secreto para que estos crepes queden tan jugosos al salir del horno.
Precalienta el horno a 175 grados Celsius. Introduce la fuente con los crepes en el horno durante unos 20 minutos; la idea es que parte del caldo se evapore y otra parte se absorba. El resultado es increíblemente sabroso: el relleno queda jugoso y compacto, y los crepes tan tiernos que se deshacen en la boca. Puedes cubrir la fuente ligeramente con papel de aluminio, dejando huecos para que salga el vapor.

Tras su paso por el horno, los crepes quedan increíblemente tiernos y literalmente se deshacen en la boca.
Para que este relleno de crepes con crujientes de pollo brille con toda su intensidad, sirve el plato recién sacado del horno, cuando aún humea y desprende todo su aroma. El acompañamiento ideal es una buena cucharada de smetana (nata agria espesa) o una salsa ligera de ajo con eneldo fresco muy picado. Si quieres aportar frescor, acompáñalo con una ensalada de pepinillos encurtidos o arándanos rojos macerados; su toque ácido equilibrará a la perfección la contundencia de los crujientes y la suavidad del arroz. Si te sobran crujientes, recuerda que se conservan de maravilla en la nevera dentro de su propia grasa y son una base excelente para un sofrito de sopa o para enriquecer un plato de cereales. Puedes tener los crepes ya rellenos con antelación y regarlos con el caldo justo antes de que lleguen tus invitados. Para darle un toque más atrevido, prueba a añadir una pizca de pimentón ahumado o unas setas salteadas al relleno: transformará este plato tradicional en una joya gastronómica llena de matices.



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