Receta de masa para pizza fina con levadura seca

Preparar la base es el paso fundamental, ya que la masa para pizza fina define el éxito de todo el plato. En esta receta utilizamos levadura seca instantánea, que no requiere hidratación previa y se mezcla directamente con la harina, facilitando muchísimo el trabajo. La historia de este plato tiene sus raíces en la soleada Nápoles, donde saber estirar la masa hasta dejarla casi transparente se consideraba señal de maestría y respeto por la tradición. Con estas cantidades obtendrás tres bases de unos 30 centímetros de diámetro, impregnadas del inconfundible aroma del aceite de oliva. Si no vas a usar toda la masa de golpe, puedes congelar lo que sobre sin problema y montarte una noche gastronómica improvisada cuando más te apetezca.

Preparación: 20 minutos
Cocción: 1 hora
Cantidad: 680 Gramos
Por 100g/ml
Calorías: 248 kcal
Proteínas: 5.9 g
Grasas: 4.7 g
Carbohidratos: 41.2 g

Ingredientes

  • 400 g de harina de trigo
  • 250 ml de agua
  • 30 ml de aceite de oliva
  • 1 cucharadita de sal
  • 2 cucharaditas de levadura seca de panadero
  • Puré de tomate, queso, pollo o carne cocida, orégano y aceite de oliva

Cómo hacer masa para pizza fina

Tamiza la harina de trigo en un bol. Añade la levadura seca de panadero (instantánea). Mezcla la harina con la levadura y vierte el aceite de oliva. La masa de pizza es, en mi opinión, la ocasión perfecta para usar un buen aceite de oliva virgen extra. Un toque de aroma no le vendrá nada mal, aunque es opcional y puedes usar uno normal.

Harina mezclada con levadura seca y aceite de oliva en un bol

Mezclamos la harina tamizada con la levadura seca y añadimos aceite de oliva para dar elasticidad.

Añade la sal al agua. Calienta esta agua salada hasta que alcance unos 25-30 grados Celsius. Vierte el agua tibia en el bol con la harina y el aceite.

Vertiendo agua tibia en un bol con harina y aceite

Vertemos el agua tibia con la sal disuelta en el bol con los ingredientes principales.

Mezcla bien los ingredientes y deja reposar la masa durante unos 10 minutos para que se igualen las temperaturas.

Masa en reposo dentro del bol antes de amasar

Dejamos reposar la mezcla 10 minutos antes del amasado principal para que actúe la levadura.

Con el accesorio de gancho de tu amasadora, amasa durante unos 10 minutos. Si prefieres amasar a mano, pasa la masa a una superficie enharinada y trabájala hasta que deje de pegarse a las manos y a la mesa.

Amasando la masa en el bol de una batidora con gancho

El proceso de amasado dura unos 10 minutos, hasta que la masa quede lisa y deje de pegarse.

Pasa la masa lista a un bol ligeramente engrasado con aceite. Mete el bol en una bolsa o cúbrelo con papel film. Precalienta el horno a 40 grados Celsius. Si tu horno no permite temperaturas tan bajas, enciéndelo durante unos 7 minutos y apágalo; será suficiente para crear un ambiente cálido. Deja el bol en ese calor durante aproximadamente 1 hora. En un horno tibio, el tiempo de levado se reduce a la mitad.

Masa de pizza hinchada tras reposar en un lugar cálido

La masa lista debe doblar su volumen tras una hora en un lugar cálido.

La masa ya está lista, es hora de hacer la pizza. Desgasifica la masa amasándola un poco y ponla sobre la mesa enharinada. Corta una porción de unos 300 g y estírala hasta conseguir una base muy fina.

Estirando una porción de masa sobre la mesa

Estiramos una porción de masa hasta conseguir una base muy fina para una pizza clásica.

Para preparar esta pizza, yo utilizo una bandeja redonda con un borde bajo, de unos 32 centímetros de diámetro.

Masa de pizza estirada colocada en una bandeja redonda

Colocamos con cuidado la masa estirada en una bandeja de 32 cm de diámetro.

Pincela la base con aceite de oliva virgen extra y espolvorea una buena pizca de orégano.

Base de masa pincelada con aceite de oliva y orégano

El aceite de oliva y el orégano seco crean un aroma italiano inconfundible.

Extiende unas cuantas cucharadas de puré de tomate.

Extendiendo puré de tomate sobre la masa de pizza

Usamos un puré de tomate de calidad como base para un sabor jugoso.

Añade el pollo cocido desmenuzado y una capa generosa de queso rallado.

Pizza cruda cubierta con pollo cocido y queso rallado

Repartimos uniformemente el pollo cocido y espolvoreamos abundante queso rallado.

Precalienta el horno a 230 grados Celsius. Mete la pizza en el horno bien caliente y hornea durante 15 minutos. Lo ideal es hornear sobre una piedra para pizza o placa de cerámica; así la masa se hace mejor y queda fina, crujiente y con un borde delicioso. En casa, algunos cocineros hornean solo la base durante 10 minutos, luego ponen los ingredientes y gratinan 5 minutos más.

Pizza dorada y crujiente recién salida del horno

Horneamos a 230 grados hasta lograr un color dorado y una corteza crujiente.

Corta la pizza y sírvela inmediatamente, bien caliente y recién salida del horno.

Pizza caliente cortada en porciones sobre la mesa

Cortamos la pizza caliente y la servimos mientras el queso aún se estira.

Para que tu masa de pizza fina brille de verdad, anímate a experimentar con los ingredientes: una clásica margarita con mozzarella y albahaca resaltará el sabor puro de la base, mientras que una versión con pera y gorgonzola le dará un toque gourmet. Para lograr ese crujido perfecto, hornea la pizza sobre una piedra precalentada o una bandeja del revés; esto asegura un calor uniforme y esa mítica corteza de horno de leña. Deja reposar la pizza un par de minutos al sacarla del horno para que los jugos se asienten. Si decides congelar una parte de la masa, forma una bola lisa, úntala ligeramente con aceite y guárdala en una bolsa hermética. Cuando la vayas a usar, pásala a la nevera unas horas antes para que se descongele lentamente y mantenga su textura tierna y elástica. Recuerda que el aceite de oliva virgen extra aporta un sutil aroma herbáceo que combina de maravilla con el orégano seco y los tomates jugosos, trayendo la auténtica esencia del Mediterráneo directo a tu cocina.