El pollo con membrillo al horno es un ejemplo sorprendente de cómo la fruta puede transformar la carne de siempre, aportándole una acidez noble y un aroma delicado y sutil. El membrillo, que en crudo parece demasiado duro y áspero, se vuelve tierno y meloso al asarlo, acompañando a la perfección unos jugosos contramuslos de pollo. Usar manzana como «cama» es un viejo truco culinario que no solo protege la carne para que no se pegue, sino que crea unos jugos afrutados que impregnan cada bocado. La combinación de hierbas provenzales y ajo llena la cocina de aromas mediterráneos, y su costra dorada de miel y nueces le da un toque realmente festivo.

La tierna carne de pollo, bañada en los jugos del membrillo y la manzana, será la estrella de tu mesa.
Ingredientes
- 4 contramuslos de pollo grandes (de 200 g cada uno)
- 1 membrillo grande
- 1 manzana
- 2 dientes de ajo
- 1 cucharadita de pimentón en escamas
- 1 cucharadita de hierbas provenzales secas
- 30 ml de aceite de oliva
- sal, pimienta negra y pimentón picante
Glaseado de miel y nueces
- 1 cucharada de nueces finamente picadas
- 1 cucharadita de miel
- 1 cucharadita de mostaza
- 1 cucharada de aceite de oliva
- 1 cucharadita de salsa de soja
- sal y pimienta al gusto
Cómo preparar pollo con membrillo al horno
Marina el pollo. Lava los contramuslos con agua fría y sécalos bien. Pon los contramuslos de pollo en un bol, espolvorea con pimentón molido y una mezcla de hierbas provenzales. Salpimenta al gusto.

Prepara el pollo con una mezcla aromática de hierbas provenzales y pimentón para potenciar su sabor.
Añade al adobo el ajo prensado; un par de dientes es suficiente, pero puedes echar más si te gusta el ajo.
Vierte el aceite de oliva, mezcla bien y frota las especias por todo el pollo. Introduce trocitos de ajo por debajo de la piel. Puedes dejar el pollo marinando un par de horas, aunque si lo dejas en la nevera de un día para otro, quedará aún más sabroso.
Lava el membrillo frotando bien para quitarle la pelusilla de la piel. Córtalo por la mitad, descorazónalo y corta cada mitad en láminas finas.
Para que el membrillo y la manzana se asen en lugar de cocerse, te aconsejo rociarlos con un hilo de aceite de oliva.
Cubre el fondo de una fuente de horno con láminas finas de manzana agridulce. La manzana servirá de barrera entre la carne y la fuente. Así el pollo no se quemará; si algo sale mal, lo primero que se pegará será la manzana. En su lugar, también puedes poner aros gruesos de cebolla, rodajas de zanahoria o unas ramas de apio.
Coloca los contramuslos sobre la manzana con la piel hacia arriba.
Reparte las láminas de membrillo entre los trozos de pollo. Precalienta el horno a 180 grados Celsius. Introduce la fuente, cúbrela con papel de aluminio y hornea durante 40 minutos.
Mientras tanto, prepara el glaseado. Mezcla las nueces picadas, la miel, la mostaza, el aceite de oliva, la salsa de soja, y sal y pimienta al gusto hasta obtener una salsa homogénea, espesa y pegajosa.
Pasados los 40 minutos, saca la fuente del horno y retira el papel de aluminio.

Tras 40 minutos bajo el papel de aluminio, el pollo está casi listo y ha absorbido los jugos de la fruta.
Pincela el pollo y la fruta con el glaseado de miel y nueces. Sube la temperatura del horno a 210 grados Celsius.
Devuelve el pollo al horno muy caliente y asa durante unos 15 minutos más, hasta que adquiera un color tostado y dorado.
Sirve el pollo con membrillo bien caliente para disfrutar al máximo del contraste entre el glaseado crujiente y la carne tierna. Como guarnición, le va genial un arroz de grano largo suelto, que absorberá todos los jugos de la fruta, o un puré de patata sedoso con mantequilla. No olvides regar el plato con la salsa que ha quedado en el fondo de la fuente; ahí se concentra todo el sabor de las manzanas asadas y las especias. Si te apetece experimentar, prueba a cambiar las nueces del glaseado por anacardos o añade una pizca de copos de chile para darle un toque picante. Este pollo se recalienta de maravilla, así que las sobras serán un táper de lujo al día siguiente. Guárdalo en la nevera en un recipiente hermético un máximo de dos días para que la fruta mantenga su textura y la carne siga jugosa.










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