Este paté de hígado de pollo con cebolla y zanahoria al horno es la pura esencia del confort culinario, un clásico que nunca pasa de moda. A diferencia de las opciones del supermercado, el horneado le otorga a la masa una textura noble muy especial: queda firme, pero al mismo tiempo conserva una cremosidad delicada que se deshace en el paladar. La zanahoria pochada, ligeramente dulce, y la cebolla dorada crean un fondo de sabor armonioso, mientras que las hierbas provenzales llenan la cocina con aromas de la costa mediterránea desde el primer momento en la sartén. Un bocado así convierte una simple rebanada de pan en toda una experiencia gastronómica, recordándonos lo importante que es disfrutar de buenos productos caseros en el menú familiar.

Apetitosas rebanadas de este delicado paté casero, horneado siguiendo la receta clásica paso a paso.
Ingredientes
- 500 g de hígado de pollo
- 150 g de cebolla
- 150 g de zanahoria
- 50 g de huevo en polvo (huevo deshidratado)
- 50 ml de nata para cocinar
- 50 ml de agua
- 60 g de harina de trigo
- 30 ml de aceite de oliva suave o girasol
- 2 cucharaditas de hierbas provenzales secas
- Sal y pimienta negra al gusto
- 1 cucharada de mantequilla
Cómo preparar paté de hígado de pollo con cebolla y zanahoria al horno
Prepara el hígado. Retira la grasa y las telillas, revisando que no queden manchas amarillas (es bilis y amargará el resultado). Corta el hígado en trozos grandes, lávalo bajo el grifo con agua fría y sécalo bien.

Retira meticulosamente las telillas y los restos de grasa para garantizar que el sabor final sea elegante y sin amargor.
Enharina los trozos de hígado en harina de trigo. Calienta un chorrito de aceite en una sartén grande y añade el hígado. Dóralo por ambos lados durante un par de minutos hasta que coja un tono apetitoso.

Marcar el hígado ligeramente enharinado sella sus jugos y asegura un interior tierno en cada bocado.
Pica la cebolla finamente. Sofríela en una sartén con aceite durante unos 5 minutos. No hace falta que se dore por completo, solo queremos pocharla un poco para que quede tierna.
Incorpora la cebolla pochada a la sartén con el hígado. Espolvorea un buen toque de hierbas provenzales secas. Mezcla todo con suavidad y deja que se cocine a fuego muy lento.

Las hierbas provenzales elevan el aroma del paté y combinan a la perfección con la intensidad de la casquería.
Pela la zanahoria y rállala con el lado grueso del rallador. En otra sartén, póchala con un poco de aceite hasta que esté bien tierna.
Añade la zanahoria al sofrito de hígado y cebolla. Deja que los sabores se integren cocinándolo todo junto unos 5 o 7 minutos más a fuego suave.

Cocinar todos los ingredientes juntos durante unos minutos permite que los sabores se amalgamen a la perfección.
Pasa el hígado con las verduras al vaso de un procesador de alimentos o pícalo dos veces en la picadora de carne. El objetivo es conseguir una textura muy fina y cremosa.
En un bol, mezcla el huevo en polvo con el agua y la nata. Bate hasta que no queden grumos y deja reposar la mezcla a temperatura ambiente durante unos 25 minutos.

La mezcla de huevo deshidratado y nata actuará como aglutinante, dándole al paté una consistencia suave y estable.
Vierte esta mezcla en el procesador junto a la masa de hígado. Salpimenta al gusto con pimienta negra recién molida. Tritura a golpes cortos hasta obtener un paté perfectamente liso.
Forra un molde con papel de horno y engrásalo ligeramente con aceite. Vuelca la masa del paté en el molde y alísala bien, dándole forma de bloque rectangular.

Reparte la masa uniformemente por el molde forrado, asegurando que quede lisa y sin burbujas de aire.
Funde una cucharada de mantequilla y pincela la superficie del paté. Precalienta el horno a 180 grados Celsius e introduce el molde. Hornea durante unos 30 minutos.

Al salir del horno, el paté debe sentirse firme al tacto pero mantener toda su jugosidad en el interior.
Saca el paté del horno y déjalo enfriar completamente en su molde. Guárdalo en la nevera hasta el momento de servir. ¡Que aproveche!

Es imprescindible enfriar bien el paté en la nevera antes de servirlo para que mantenga la forma perfecta al cortarlo.
Sirve este exquisito paté de hígado de pollo con cebolla y zanahoria sobre unas tostas crujientes o pan de centeno, añadiendo por encima una fina capa de mantequilla de eneldo. Para prepararla, simplemente bate con varillas mantequilla en pomada con sal marina y eneldo fresco muy picado; si machacas el eneldo antes para que suelte sus jugos, la mantequilla adquirirá un color esmeralda precioso. El contraste de temperaturas y texturas, entre el paté frío y firme y la mantequilla aromática fundiéndose, le dará un toque digno de restaurante a tu mesa. Para que el paté se conserve jugoso por más tiempo y no se reseque, puedes verter una fina capa de mantequilla clarificada por encima directamente en el molde antes de meterlo en la nevera. Aguantará en perfecto estado hasta cuatro días, ganando sabor y consistencia. Y si quieres experimentar en tu próxima tanda, prueba a añadir un puñado de piñones tostados o unas ciruelas pasas muy picaditas para darle un aire festivo y un contraste fascinante.




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