La galette de tvorog (queso fresco batido) y grosellas es la viva imagen de la repostería rústica francesa en tu cocina. El nombre de esta tarta abierta viene del francés antiguo «galet», que significa «piedra plana», reflejando esa forma sencilla e intencionadamente imperfecta. A diferencia de las tartaletas clásicas, aquí no hace falta que los bordes queden milimetrados: sus pliegues libres no hacen más que potenciar el alma casera de este postre. La masa es especial, se prepara con leche y aceite vegetal, lo que le da una textura porosa y deliciosamente crujiente. El perfume a ralladura de naranja, sumado al punto jugoso de las grosellas negras, crea ese equilibrio mágico entre dulce y ácido que la hace inolvidable.

Esta fragante galette casera, con un relleno cremoso de queso y vistosas grosellas negras, ya está lista para servir. Su masa crujiente es el contraste ideal para la fruta.
Ingredientes para la masa:
- 85 g de leche o suero de leche
- 85 g de aceite vegetal
- 10 g de miel
- 230 g de harina de trigo
- 1 cucharadita de levadura química
Ingredientes para el relleno:
- 200 g de tvorog (queso fresco batido o requesón)
- 1 huevo
- 100 g de azúcar
- 1 naranja
- 20 g de almidón de patata o de maíz
- 50 g de grosellas negras
Elaboración de la galette de queso fresco y grosellas
Vierte en el bol la leche o el suero de leche y el aceite vegetal neutro sin olor. Añade una pizca de sal y la miel. Mezcla los ingredientes líquidos durante unos minutos. La miel aporta aroma; si no tienes, también quedará estupenda sin ella.

Empieza juntando los componentes líquidos de la masa: la leche, el aceite y la miel, que le aportará un toque dulce y un aroma increíble.
Mezcla la harina de trigo con la levadura química. Para este tipo de masa, la harina de trigo de repostería va muy bien.

Mezcla la harina con la levadura. Usar una buena harina de trigo de repostería será clave para conseguir una textura perfecta.
Añade los ingredientes secos a los líquidos en pequeñas porciones. Amasa durante 3 minutos. Forma una bola con la masa y déjala reposar unos 30 minutos. La masa de esta receta no quedará lisa como la de levadura o la quebrada. Tiene textura y algún pequeño grumo, y así es como debe quedar.

La masa quedará con algo de textura y ligeramente grumosa; es lo normal en esta receta. Déjala reposar un poco antes de empezar a estirar.
Una vez reposada, estira la masa sobre una tabla. Como lleva bastante aceite, no se pega, así que no es necesario espolvorear más harina en la superficie.

Gracias a la cantidad de aceite que lleva, verás que la masa no se pega nada y es muy fácil estirarla con el rodillo hasta formar un círculo amplio.
Cubre el fondo de un molde desmontable (de 18-20 centímetros de diámetro) con papel de horno. Pasa la masa estirada al molde, distribuyéndola por el fondo y haciendo los bordes con las manos. Debes estirar y levantar bien los bordes, ya que al final habrá que doblar una parte sobre el relleno.

Coloca la masa estirada en el molde con cuidado, levantando bien los bordes que luego abrazarán el relleno y le darán ese toque crujiente.
Prepara el relleno. Pon el tvorog (queso fresco batido tipo quark o requesón) suave y sin grumos en un bol. Casca un huevo. Añade el azúcar.

Para el interior usamos un queso fresco batido muy suave y sin grumos, que nos asegurará un postre con una textura supercremosa y homogénea.
Escalda la naranja con agua hirviendo. Ralla la piel finamente. Exprime y cuela el zumo. Añade la ralladura y el zumo de naranja al bol.

La ralladura y el zumo de naranja le dan al relleno de queso un perfume cítrico espectacular y un toque muy refrescante en cada bocado.
Incorpora el almidón de patata o de maíz. Mezcla el relleno un par de minutos hasta conseguir una masa homogénea y muy suave.

Al añadir el almidón, bate todo bien hasta conseguir una mezcla sin un solo grumo. Ahora sí, el relleno está perfecto para verterlo en el molde.
Vierte el relleno sobre la masa; es bastante líquido y se extenderá solo formando una capa uniforme.

El relleno es bastante líquido, por lo que se extiende solo por toda la superficie de la masa, formando una base ideal para colocar los frutos rojos.
Esparce las grosellas negras por encima. Puedes usar frutos frescos o congelados para esta receta. También queda delicioso con arándanos.

Reparte las grosellas generosamente por encima del queso. Puedes utilizar tanto fruta fresca como congelada; los arándanos también le van de maravilla.
Dobla los bordes de la masa sobre el relleno. No busques que queden perfectos; es una tarta casera y ese toque rústico es parte de su encanto.

Dobla los bordes de la masa hacia dentro. No te preocupes por la simetría; ese toque rústico e imperfecto es precisamente el alma de esta receta.
Precalienta el horno a 180 grados Celsius. Coloca el molde a media altura. Hornea unos 40 minutos hasta que adquiera un tono dorado.

Hornea hasta que los bordes cojan un color dorado muy apetecible. El relleno debe quedar cuajado y la masa crujiente y quebradiza.
Deja enfriar en el molde unos 10 minutos. Después, quita el aro desmontable y desliza la galette con cuidado fuera de la base.

Tras dejarla reposar unos minutos, retira el aro desmontable. La galette ya tiene un aspecto espectacular y está casi lista para cortar.
Deja que se enfríe completamente sobre una rejilla.
Esta galette de tvorog (queso fresco batido) y grosellas negras se disfruta al máximo cuando aún está un poco tibia. En ese momento, la capa de queso ya ha cogido cuerpo, pero la masa sigue supercrujiente. Anímate a servirla con una bola de helado de vainilla o una cucharada de nata espesa o crème fraîche; el contraste de temperaturas la hace aún más brutal. Si quieres probar otras opciones, cambia las grosellas por arándanos sin dudarlo, y añade una pizca de vainilla al relleno para darle un aroma más tradicional. Puedes guardar lo que sobre en la nevera hasta un par de días, tapando con papel de horno para que la masa no pierda su textura. Si al día siguiente quieres que recupere el toque recién hecho, dale un par de minutos de horno para devolverle ese toque quebradizo a los bordes. Un pequeño truco de cocina: si usas frutos rojos congelados, no los descongeles antes, simplemente mézclalos con una pizquita de almidón antes de ponerlos sobre el queso; así el exceso de líquido no empapará la base.
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