El dulce de albaricoque es una delicia veraniega muy saludable. Este dulce espeso se puede guardar en pequeños tarros en la nevera, o bien puedes verterlo en una bandeja y, una vez cuajado, cortarlo en dados y rebozarlos en azúcar si prefieres el aspecto tradicional de las gominolas artesanales tipo pâte de fruits. Esta receta lleva muy poco azúcar. En verano, la fruta ya es dulce de por sí, así que te aconsejo no excederte: con el dulzor que nos da la naturaleza es suficiente. Como mucho, puedes endulzar un poquito para realzar el sabor. Con este dulce salen unas tostadas riquísimas: sobre una rebanada de pan blanco tostado (¡ya frío!), pon un buen trozo de este postre y acompáñalo con algunas bayas frescas. ¡Parecerá un pastelito!

Este delicado y aromático dulce de albaricoque casero se convertirá en el capricho favorito de toda la familia.
Ingredientes
- 400 g de albaricoques maduros
- 15 g de gelatina en polvo
- 100 g de agua hervida (fría)
- 35 g de azúcar
Cómo preparar el dulce de albaricoque
Empezamos por la gelatina. Echa la gelatina en polvo en un bol y vierte agua hervida fría. ¡Importante! El agua debe estar bien fría. Ni tibia ni a temperatura ambiente, ¡fría de verdad! Puedes echar un par de cubitos de hielo al agua para asegurarte de que se enfríe por completo.
Deja reposar la gelatina unos 20-30 minutos para que se hidrate. Cuando haya absorbido toda el agua y adquiera una textura esponjosa, sin líquido sobrante alrededor, estará lista para usar. Si utilizas gelatina en hojas, sigue las instrucciones del envase. La gelatina en hojas se puede hidratar en cualquier cantidad de agua fría.

Cuando la gelatina haya absorbido todo el líquido y esté esponjosa, estará lista para incorporarse a la base de fruta.
Para este dulce, los frutos muy maduros o blandos son ideales, siempre y cuando no tengan signos de estar pasados o estropeados. Lava muy bien los albaricoques bajo el grifo con agua fría.
Corta las piezas por la mitad y retira los huesos. Pon los albaricoques troceados en una olla de fondo grueso.

Retira los huesos y prepara la fruta para cocinarla en una olla de fondo grueso, asegurando un calor uniforme.
Añade el azúcar y vierte 2-3 cucharadas de agua en el fondo.

Cubre la fruta con azúcar y añade un par de cucharadas de agua para acelerar la extracción de los jugos.
Tapa la olla herméticamente y cocina los albaricoques a fuego medio durante unos 10 minutos. No abras la tapa en ningún momento, o se escapará el vapor.
Pasa los albaricoques cocidos a un colador y presiona la fruta con una cuchara sopera. Al final, solo quedarán algunos restos de piel en la malla.

Pasar la mezcla por un colador fino asegura que no queden restos de piel, logrando una textura perfectamente sedosa.
En el bol te quedará un puré de fruta de color vibrante, espeso, agridulce y muy aromático. Esta es la base de nuestro dulce, y ahora toca espesarla.
Devuelve el puré de fruta a la olla y ponla al fuego. Caliéntalo casi hasta que hierva; no hace falta que llegue a ebullición, pero sí debe alcanzar unos 80 °C.

Calienta el puré hasta que esté bien caliente (unos 80 grados) para que la gelatina se disuelva sin problemas.
Incorpora la gelatina hidratada al puré caliente y mezcla todo muy bien. Si notas que quedan grumos de gelatina sin disolver, pasa el puré por un colador para que cualquier resto quede atrapado en la malla.

Mezcla a conciencia la gelatina con el puré hasta conseguir una textura homogénea, evitando que queden grumos.
Vierte el puré en tarros de cristal secos o extiéndelo en una bandeja de bordes bajos forrada con papel de horno engrasado. Mete el dulce en la nevera durante unas horas, aunque lo ideal es dejarlo un día entero. Una vez cuajado, el dulce de albaricoque quedará firme; puedes cortarlo en dados o darle forma con una cuchara pequeña para helados.

Reparte la mezcla en tarritos y déjala en la nevera hasta que cuaje por completo. ¡Ya está listo para servir!
Este dulce de albaricoque casero se adapta a cualquier ocasión, ya sea como acompañamiento para el té matutino o un tentempié ligero a media tarde. Para sorprender a tus invitados, prueba a combinarlo con queso crema suave o coloca media nuez en el centro de cada porción para darle un matiz sofisticado. Si buscas una presentación festiva, reboza los dados cuajados en coco rallado o en una fina capa de azúcar glas con canela.
Conserva este postre en la nevera dentro de un recipiente hermético para proteger su frescura y evitar que absorba otros olores. Gracias a la pectina natural del albaricoque y a la gelatina, la preparación mantendrá una consistencia firme durante semanas. Además, este dulce de albaricoque aporta fibra y caroteno, convirtiéndose en una opción casera reconfortante y llena de sabor natural.




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