Los crepes de chocolate con cacao son una versión elegante de este clásico que convierte cualquier mañana en una pequeña fiesta. El secreto de su textura increíblemente esponjosa y calada está en las claras montadas: son las responsables de crear esos codiciados agujeritos y dejar una masa tan ligera como una nube. Su color oscuro intenso y el profundo aroma a chocolate abren el apetito al instante. Y si los acompañas con un vibrante sirope de fresa o miel natural, estos crepes se transforman en un auténtico festín gastronómico. Una opción fantástica para un desayuno relajado en familia o una merienda especial.

Crepes de chocolate tiernos y aromáticos servidos con fresas maduras, el postre perfecto para disfrutar en familia.
Ingredientes
- 250 ml de leche
- 250 ml de agua
- 2 claras de huevo
- 140 g de harina de trigo
- 25 g de cacao en polvo (puro, sin azúcar)
- 25 g de aceite de girasol
- 10 g de azúcar
- 1/2 cucharadita de sal
- 1/3 de cucharadita de bicarbonato
- 1/3 de cucharadita de levadura química (tipo Royal)
- Extracto de vainilla o vainillina al gusto
- Sirope de fresa y fresas frescas para servir
Cómo hacer crepes de chocolate con cacao paso a paso
Mezcla los ingredientes líquidos: la leche, el agua tibia y el aceite de girasol. Añade la sal y el azúcar. Remueve bien para asegurarte de que tanto el azúcar como la sal se disuelvan por completo.

Mezcla a conciencia la leche, el agua y el aceite hasta que la sal y el azúcar se disuelvan totalmente.
A la harina, añádele el bicarbonato y la levadura química (tipo Royal). Necesitas un poco menos de un tercio de cucharadita rasa de cada uno; si te pasas, los crepes tendrán sabor a bicarbonato. Incorpora los ingredientes secos a los líquidos.

Incorpora la harina tamizada junto al bicarbonato y la levadura para conseguir esa textura tan aireada.
Añade el cacao en polvo; asegúrate de usar cacao puro sin azúcar. Ponle vainilla a tu gusto (puede ser extracto, esencia, polvo de vainilla o azúcar avainillado).
Bate la masa a fondo para que quede suave y sin ningún grumo de harina o cacao. Lo más práctico aquí es usar una batidora de brazo; en un abrir y cerrar de ojos conseguirás la textura perfecta. Si lo haces a mano, es mejor que vayas añadiendo los ingredientes líquidos a los secos poco a poco.

Pasar la batidora de brazo te ayudará a dejar la masa sedosa y sin un solo grumo en cuestión de segundos.
Separa las claras de las yemas. Monta las claras con unas varillas o una batidora hasta obtener una espuma esponjosa. ¡Es clave montarlas bien! Tienen que quedar aireadas, pero no tan firmes como para hacer un merengue. Vierte las claras montadas en la masa.

Montar las claras es el truco para que la estructura de los crepes sea muchísimo más tierna y porosa.
Con una espátula o una cuchara, integra suavemente la masa con las claras montadas. En este punto, la textura de la masa te recordará a un helado de chocolate derretido.
Deja reposar la masa durante 5 minutos y pon a calentar una sartén del tamaño adecuado. Para esta receta, una sartén de 20 centímetros va perfecta. La cantidad de masa para cada crepe es un cazo pequeño, que equivale a unas 4 cucharadas soperas.
Una vez que la sartén esté bien caliente, engrásala con una capa muy fina de aceite de girasol (u otro aceite de sabor neutro). Puedes usar un pincel de silicona o mojar media patata cruda en el aceite y pasarla por la superficie. Vierte el cazo de masa en la sartén, inclínala y gírala para que la masa se extienda en una capa fina y uniforme. Cocina por un lado durante 1 minuto; cuando veas que salen agujeritos y no queda masa cruda en la superficie, es momento de darle la vuelta.
Dale la vuelta al crepe y cocínalo por el otro lado hasta que esté doradito.
Saca el crepe de la sartén y, de inmediato, báñalo con un poco de sirope de fresa o miel.

Te aconsejo empapar los crepes con sirope o miel nada más sacarlos de la sartén para que queden muy tiernos.
Con las cantidades de esta receta te saldrán unos 12 o 13 crepes en una sartén de 20 centímetros. Dóblalos en forma de triángulo y sírvelos en la mesa acompañados de fresas frescas y un buen toque de nata montada.
Para que tus crepes de chocolate luzcan como los de la mejor cafetería, preséntalos doblados en triángulos perfectos o enrollados en forma de tubo, rellenos con una suave crema de ricotta. Unas fresas frescas, frambuesas o rodajas de plátano resaltarán su espíritu de postre, mientras que un toque de nata montada le aportará una deliciosa nota cremosa. Si te apetece probar cosas nuevas, añade a la masa una pizca de canela molida o ralladura de naranja; estas especias ligan de maravilla con el cacao y descubren nuevos matices de sabor.
Si te sobran crepes, aguantan perfectos en la nevera hasta dos días, siempre que los cubras con film transparente para que los bordes no se resequen. Para que vuelvan a estar tiernos, solo tienes que calentarlos un poco en el microondas tapados, o pasarlos vuelta y vuelta por la sartén con un poco de mantequilla. El verdadero secreto del éxito de esta receta está en usar un cacao en polvo de buena calidad, que ofrezca un color profundo y un sabor a chocolate intenso sin amargor innecesario.






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