Cómo hacer mostaza casera con mostaza en polvo

¿Todavía compras mostaza industrial que a menudo decepciona por su calidad? Comparto contigo mi receta para hacer mostaza casera a partir de mostaza en polvo: conseguirás una deliciosa mostaza a la miel sin conservantes ni aditivos artificiales; ni siquiera lleva vinagre, ya que usamos zumo de limón. Pocos saben que el picante de esta salsa depende directamente de la temperatura del agua: el agua hirviendo «mata» las enzimas picantes y deja un sabor suave, mientras que el agua fría permite que el condimento despliegue toda su potencia. Esta versión casera queda increíblemente aromática, con un sutil fondo cítrico y el dulzor natural de la miel.

Preparación: 15 minutos
Cantidad: 300 Gramos
Por 100g/ml
Calorías: 245 kcal
Proteínas: 8.7 g
Grasas: 19.7 g
Carbohidratos: 13.3 g

Ingredientes

  • 100 g de mostaza en polvo
  • 30 g de miel
  • 8 g de sal marina
  • 30 g de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 limón
  • Pimienta y hierbas aromáticas al gusto (opcional)
  • 200 ml de agua

Cómo preparar mostaza casera a partir de mostaza en polvo

Hierve el agua y déjala enfriar hasta unos 70 °C. Disuelve en el agua caliente la sal marina y la miel.

Miel y sal marina disolviéndose en agua caliente para hacer mostaza

Primero preparamos la base: disolvemos en agua caliente la sal marina y la miel natural para equilibrar el sabor.

Pesa la mostaza en polvo. Por mi experiencia «mostacera» te diré que el polvo cambia según el fabricante, ya que el grado de molienda es distinto. Cuanto más alta sea la temperatura del agua que viertas sobre el polvo, menos picante será la mostaza final. Cuanto más fría esté el agua, más picará.

Mostaza seca en polvo fino dentro de un bol de cristal

La calidad del polvo influye directamente en el sabor final, así que elige un producto de molienda fina y pura.

Vierte poco a poco el agua salada con miel en el bol con la mostaza en polvo.

Vertiendo el agua con miel sobre el bol con mostaza en polvo

Vertemos el agua preparada en pequeñas tandas para controlar mejor el espesor y evitar que salgan grumos.

Mezcla bien. En este punto tú decides qué consistencia quieres darle a tu mostaza. Si te gusta más líquida, añade un poco más de agua.

Mezclando la mostaza en polvo con el agua usando una cuchara

Mezclamos bien la pasta. En este paso tú mismo ajustas la consistencia que prefieras para la salsa.

Añade el aceite de oliva virgen extra. Ese toque amargo del aceite le vendrá de maravilla, además de ser saludable y rico en ácidos grasos. Si te apetece, puedes incorporar un poco de cayena molida, una pizca de hierbas aromáticas o una cucharadita de cúrcuma en polvo para darle un color más apetecible.

Añadiendo aceite de oliva virgen extra a la pasta de mostaza

El aceite de oliva aportará a la mostaza una agradable textura sedosa y la enriquecerá con ácidos grasos saludables.

Exprime el zumo de medio limón y cuélalo para que no caigan pepitas en la mostaza. Si vas a triturar todo con la batidora, también puedes pelar el limón, quitarle las pepitas y echar los gajos directamente al bol.

Gajos y zumo de limón añadidos al bol con la mezcla de mostaza

El zumo de limón recién exprimido equilibrará el picante de la mostaza y le dará un toque ácido muy fresco.

Tritura la mezcla con la batidora de mano durante unos minutos hasta obtener una textura cremosa y homogénea. Al emulsionarla así, la mostaza queda suave y esponjosa.

Triturando y emulsionando la mostaza en un bol con batidora de mano

El uso de la batidora de mano hace que la textura de la mostaza quede realmente cremosa, suave y aireada.

Pruébala. Ahora mismo no sirve de nada evaluar el picante, porque la mostaza necesita reposar. Recién mezclada sabe amarga, pero este es el momento perfecto para ajustar el equilibrio entre ácido, dulce y salado a tu gusto.

Mostaza cremosa y homogénea en un bol tras ser batida

Tras batirla, la mostaza adquiere un aspecto apetecible y una textura perfecta sin un solo grumo.

No hace falta esterilizar los tarros para guardarla, ya que la propia mostaza es un conservante excelente. Gracias a sus propiedades antibacterianas no cría moho ni bacterias, así que basta con lavar los botes con agua tibia y bicarbonato, aclararlos con agua hirviendo y dejarlos secar. Reparte la mostaza en los tarros bien secos.

Rellenando un tarro de cristal con la mostaza casera recién hecha

La mostaza es por sí misma un excelente conservante, por lo que basta con utilizar un tarro limpio y seco.

Cierra los tarros con fuerza usando una tapa seca. Déjala reposar de 1 a 3 días en la nevera para que, como suele decirse, coja fuerza. El picante se desarrolla poco a poco y el sabor final dependerá de la calidad del polvo, del tipo de grano (blanco, negro o de Sarepta, también llamada mostaza oriental) y de los condimentos que hayas añadido.

Dos tarros de cristal con mostaza casera cerrados sobre la mesa

Cierra bien los tarros y déjalos en la nevera de 1 a 3 días para que el sabor de la salsa se desarrolle por completo.

La mostaza se utiliza desde tiempos inmemoriales y es popular desde Europa hasta China. La capital mundial de la mostaza es la ciudad francesa de Dijon, de donde viene la famosa «mostaza de Dijon». Hay infinidad de variedades: la francesa es más suave, mientras que yo la preparo en un punto intermedio, para que tenga alegría y pique, pero sin hacerte saltar las lágrimas.

Esta mostaza casera acompaña de maravilla platos de carne, el jolodets (fiambre tradicional ruso de carne en gelatina) o sirve como base para vinagretas con carácter. Si te apetece experimentar, prueba a añadir una pizca de cúrcuma para darle un tono dorado o tomillo seco para un toque provenzal. Recuerda que es fundamental dejar que la salsa «madure» en la nevera: durante los dos primeros días ocurre la magia y todos los ingredientes se funden en un sabor redondo. Guarda este condimento en tarros pequeños de cristal con cierre hermético para que los aceites esenciales no se evaporen. Aunque la receta no lleva vinagre, el zumo de limón y las propiedades antisépticas naturales del grano de mostaza se encargan de conservarla perfectamente. Si con el tiempo la notas demasiado espesa, solo tienes que añadir una cucharadita de agua hervida o de aceite de oliva y remover bien.