Babka polaca: un bizcocho de masa levada

La babka polaca (un bollo dulce tradicional de Europa del Este) es un legendario bizcocho de masa levada enriquecida que tradicionalmente ocupa un lugar de honor en las mesas festivas durante la Pascua y la Navidad. El plato recibe su nombre por su forma, que recuerda a las faldas vaporosas de las mujeres campesinas, y su sabor es una verdadera sinfonía de ternura y aroma. En su interior se esconde un jugoso relleno de cerezas confitadas y canela especiada, mientras que la propia masa, rica en mantequilla y huevos, resulta increíblemente esponjosa y tarda mucho en endurecerse. Preparar este dulce llenará tu casa de un cautivador aroma a calidez y confort hogareño.

Preparación: 2 horas, 55 minutos
Cocción: 35 minutos
Cantidad: 7 Porciones
Por porción
Calorías: 255 kcal
Proteínas: 6 g
Grasas: 8 g
Carbohidratos: 39 g

Ingredientes para la masa

  • 250 g de harina de trigo
  • 1 cucharadita de levadura seca activada
  • 1 huevo + 1 yema
  • 125 ml de leche
  • 25 g de mantequilla
  • 25 g de azúcar
  • 1/8 de cucharadita de sal
  • 1 sobre de azúcar avainillado

Ingredientes para el relleno

  • 20 g de mantequilla
  • 30 g de azúcar
  • 40 g de cerezas confitadas
  • azúcar glas para decorar

Cómo preparar babka polaca

Calienta la leche con la mantequilla a 30 grados Celsius, añade la sal, el azúcar y el sobre de azúcar avainillado. Tamiza la harina de trigo, incorpora la levadura seca activada y mezcla todo con esmero. Forma un hueco en el centro de la harina, vierte la leche con la mantequilla y añade un huevo entero más una yema. Empieza mezclando la masa con una cuchara. Si lo prefieres, también puedes usar un robot de cocina, incorporando primero los ingredientes secos y luego los líquidos.

Mezclando huevos, harina y leche en un bol

Mezcla los ingredientes: empieza con una cuchara y luego pasa al amasado manual o mecánico.

Pasa la masa a una superficie de trabajo espolvoreada con harina y amasa durante unos 10-12 minutos, hasta que deje de pegarse a las manos y a la mesa. Engrasa un bol con un poco de aceite suave, coloca la masa dentro y cúbrela con film transparente o un paño. Deja reposar la masa en un lugar cálido durante 2 horas. Pasada la primera hora, desgasifica la masa aplastándola suavemente, vuelve a taparla y devuélvela al calor.

Masa levada elástica dentro de un bol metálico

Después de 10 minutos de amasado, la masa se vuelve lisa y deja de pegarse a las manos.

Al cabo de dos horas, la masa habrá doblado su volumen y estará muy ligera y esponjosa. Recuerda que la temperatura ideal para que fermente una masa levada es de unos 22-24 grados Celsius.

Masa levada esponjosa después del reposo

Al cabo de dos horas en un lugar cálido, la masa aumentará de volumen y estará muy aireada.

Vuelve a desgasificar la masa y espolvorea un poco de harina sobre la tabla. Con la ayuda de un rodillo, estira la masa hasta formar un rectángulo de medio centímetro de grosor.

Estirando la masa con un rodillo de madera

Estira la masa con un rodillo hasta formar un rectángulo limpio de unos 5 milímetros de grosor.

Llega el momento del relleno: pincela toda la superficie con mantequilla derretida. Mezcla el azúcar con la canela molida y espolvorea esta mezcla sobre la mantequilla.

Masa espolvoreada con mezcla de azúcar y canela

Distribuye uniformemente la aromática mezcla de azúcar y canela por toda la superficie de la masa.

Reparte las cerezas confitadas por encima. Un buen truco es macerar las cerezas previamente en coñac o ron y secarlas antes de usarlas, le dará un toque espectacular.

Cerezas confitadas sobre la lámina de masa

Reparte las cerezas sobre la canela. Esto aportará al bizcocho una agradable acidez y jugosidad.

Enrolla la masa por el lado más largo, dejando el relleno en el interior, y sella bien la unión y los bordes. Ajusta la forma del rollo para que te quede un cilindro del mismo grosor en toda su longitud.

Rollo de masa levada sobre una tabla de madera

Enrolla con cuidado la masa formando un rulo apretado y sella bien los bordes pellizcando la masa.

Corta el rollo por la mitad a lo largo. Une las dos mitades por un extremo y trénzalas entre sí, procurando que los cortes con el relleno queden hacia arriba. Sella bien los extremos inferiores al terminar.

Trenzando la babka con las dos mitades del rollo

Corta el rollo a lo largo y trenza las tiras de modo que el relleno quede a la vista en la parte superior.

Forra un molde rectangular de 22×11 centímetros con papel de horno y coloca la trenza dentro. Deja que fermente en un lugar cálido durante unos 35-40 minutos. Durante este tiempo, la masa se relajará, volverá a llenarse de aire y la babka quedará increíblemente esponjosa.

Babka cruda dentro de un molde rectangular para horno

Coloca la trenza en el molde y dale un poco más de tiempo para que suba antes de hornearla.

Precalienta el horno a 200 grados Celsius. Introduce el bizcocho en el horno caliente y hornea durante 30-35 minutos hasta que adquiera un precioso color dorado. El tiempo exacto puede variar ligeramente dependiendo de las características de tu horno.

Babka dorada y horneada dentro de su molde

Hornea hasta conseguir un color dorado firme. ¡El aroma a canela inundará toda la casa!

Deja enfriar la babka terminada sobre una rejilla y espolvoréala con un poco de azúcar glas. ¡Que aproveche!

Babka polaca terminada sobre papel vegetal

Antes de servirla, deja que el bizcocho se enfríe completamente y decóralo espolvoreando azúcar glas.

Puedes darle a la babka polaca la forma que más te guste: por ejemplo, colocar la masa en forma de corona festiva o hornear panecillos individuales. Para que el bizcocho tenga un aspecto aún más apetitoso, prueba a cubrirlo con un glaseado de azúcar o bañarlo con chocolate blanco fundido. Si quieres añadir nuevos matices de sabor, puedes macerar las cerezas previamente en coñac o ron; esto le dará al postre un toque noble y hará que su sabor sea más profundo y rico. Sirve tu babka terminada con una buena taza de café fuerte o un té aromático. Conserva maravillosamente sus cualidades gustativas durante varios días si la guardas en un recipiente hermético o envuelta en papel de horno. El secreto de la textura perfecta reside en la paciencia: dale a la masa el tiempo necesario para fermentar bien y el resultado superará todas tus expectativas, convirtiendo una merienda cualquiera en una auténtica fiesta.