Las albóndigas de navaga son pequeñas bolitas de pescado que, al freírlas, adquieren una forma redonda perfecta y muy apetecible. La navaga es un pescado blanco de la familia del bacalao con un sabor delicado, ligeramente dulce y una carne firme, lo que la convierte en una base impecable para picar. A diferencia de las clásicas porciones de pescado, este formato resulta especialmente atractivo para los niños, convirtiendo una comida normal en algo divertido. El sutil aroma del eneldo seco y el crujiente rebozado crean un contraste espectacular con su corazón jugoso, llenando la cocina de ese aroma a hogar. Este plato demuestra que, incluso con el pescado más humilde, se puede crear una pequeña obra de arte culinaria con un poco de imaginación y las especias adecuadas.

Estas tiernas y jugosas bolitas de navaga con un exterior crujiente son una opción ideal para la comida familiar.
Ingredientes
- 500 g de filete de navaga (o pescado blanco similar)
- 1 cebolla pequeña
- 1 huevo
- 50 g de pan blanco
- eneldo seco, pimienta negra, sal
- leche
- pan rallado, aceite vegetal
Salsa blanca
- 1 cucharada de mantequilla
- 1 cucharada de aceite vegetal
- 1 cucharada de harina
- 1 vaso de leche o nata
- sal, pimienta, una pizca de nuez moscada
Cómo preparar albóndigas de navaga
Preparamos el pescado. Para conseguir unos 500 g de filete, necesitarás 2 pescados pequeños. Descongela la navaga (un pescado blanco similar al bacalao), quítale la piel y separa los filetes de la espina con cuidado. Con las raspas puedes hacer un caldo buenísimo si le añades una cebolla, un par de dientes de ajo y un manojo de apio.
Pasa los filetes de navaga por la picadora de carne junto con la cebolla. La cebolla aporta jugosidad a las albóndigas de carne y pescado; si no te gusta, cámbiala por calabacín. Necesitas unos 50-60 g de alguna verdura; si no tienes, puedes añadir un par de cucharadas de hierbas frescas picadas a tu gusto. Para esta receta sirve cualquier pescado blanco sin piel: merluza, bacalao, abadejo o carne picada de pescado ya preparada.

La cebolla da a la masa de pescado la jugosidad necesaria. Si lo prefieres, puedes sustituirla por calabacín rallado.
Pon a remojo el pan blanco duro en leche fría o agua. Desmiga el pan escurrido y añádelo al pescado picado.

El pan blanco remojado en leche hace que la textura de las albóndigas sea mucho más suave y uniforme.
Casca un huevo de gallina. El huevo es fundamental en la masa de pescado, lo unirá todo.
Condimenta la masa. Condimenta con sal y pimienta negra molida al gusto. Echa media cucharadita de eneldo seco. Mezcla todo muy bien, puedes usar una cuchara o amasar con las manos, como si fuera masa de pan. En lugar de eneldo, puedes usar perejil seco o tu condimento para pescado favorito.

El eneldo seco complementa a la perfección el sabor del pescado blanco, aportando un aroma suave y delicioso.
Forma bolitas de unos 60-65 g cada una. Echa el pan rallado en un plato. Reboza las albóndigas en el pan rallado, dales forma redondeada y sacude el exceso de rebozado.

Reboza muy bien cada bolita en pan rallado para que al freírlas consigas una costra superapetecible.
Vierte en una sartén de fondo grueso aceite vegetal neutro (como el de girasol) hasta alcanzar medio centímetro de grosor. Calienta muy bien el aceite. Cuando esté bien caliente, echa las bolitas de pescado. Fríelas hasta que se doren por un lado durante unos 2-3 minutos.

Echa las albóndigas solo cuando el aceite esté bien caliente, así el rebozado se sellará al momento.
Dales la vuelta con cuidado y fríelas por el otro lado otros 2-3 minutos hasta que adquieran un tono dorado espectacular.

Fríe las bolitas durante un par de minutos por cada lado hasta que veas un tono dorado espectacular.
Pasa las albóndigas primero a un plato con papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Sírvelas con puré de patatas, una ensalada de verduras o arroz blanco suelto. ¡Que aproveche!

Antes de servir, retira el exceso de aceite dejándolas reposar sobre papel absorbente. ¡Que aproveche!
Para que las albóndigas de navaga desarrollen todo su sabor, acompáñalas con una clásica salsa blanca a base de nata y nuez moscada. Solo tienes que sofreír un poco de harina en una mezcla de mantequilla y aceite de oliva hasta que esté dorada, y luego verter la leche poco a poco sin dejar de remover hasta que espese. Como guarnición, un arroz blanco suelto con verduras o un suave puré de patatas son perfectos para resaltar la textura tierna de las bolitas de pescado. Unas hojas de perejil fresco o un gajo de limón al servir le darán al plato la frescura y el toque cítrico que necesita. Si quieres experimentar con la textura, prueba a añadir un poco de queso curado rallado a la masa: se fundirá por dentro al freír, creando un relleno cremoso. Las albóndigas sobrantes aguantan en la nevera hasta dos días y puedes recalentarlas en el horno tapadas con papel de aluminio para que no pierdan jugosidad. También las puedes congelar crudas, ya rebozadas, para tener a mano una cena rápida y de calidad cualquier día entre semana que vayas con prisa.


0 comentarios