La ajika con albahaca es un condimento aromático ideal para carnes, una combinación armoniosa de ingredientes que crea una verdadera explosión de sabor. Esta variante de la clásica salsa del Cáucaso destaca por el uso de albahaca morada, que le aporta a la conserva no solo un color profundo y elegante, sino también un inconfundible aroma especiado con ligeras notas anisadas. En la cocina tradicional, esta ajika se considera el acompañante indispensable de carnes grasas, ayudando a potenciar su sabor y facilitando la digestión. Un filete o un buen pincho moruno servido con este aderezo se convertirá al instante en el plato estrella de cualquier barbacoa o comida familiar.

¡La aromática y picante ajika con albahaca está lista! Será el acompañamiento perfecto para platos de carne y aperitivos.
Ingredientes
- 150 g de chile rojo picante
- 150 g de albahaca morada
- 50 g de apio
- 30 g de ajo
- 1 limón
- 1 cucharada de khmeli-suneli (mezcla tradicional georgiana de especias)
- 30 g de sal marina
Cómo preparar ajika con albahaca
Para preparar esta ajika (salsa picante tradicional del Cáucaso) necesitarás chiles rojos picantes. Si tienes chiles verdes, puedes dejarlos unos días a temperatura ambiente o al aire libre para que maduren. Los chiles pueden ser más o menos picantes; elige la variedad que más te guste.

Elige chiles de buena calidad para la base. El color de los chiles determinará el tono final de tu ajika.
Corta los tallos de los chiles con unas tijeras, ábrelos a lo largo y retira las semillas y los nervios. Si los chiles son muy finos y te cuesta quitar las semillas, puedes dejarlas dentro. Si no son muchas, no estropearán la calidad de la ajika. ¡Te recomiendo proteger tus manos poniéndote unos guantes finos de goma! El zumo del chile quema los dedos durante mucho tiempo, y si te frotas los ojos con las manos impregnadas, llorarás a mares.

Asegúrate de quitar las semillas y los nervios si no quieres que la salsa quede excesivamente picante. ¡Usa guantes!
Pela los dientes de ajo y añádelos a los chiles. Puedes incorporar un poco de ajo en polvo al ajo fresco, así la ajika quedará más espesa.

El ajo fresco aporta a la conserva su característico picor y un aroma intenso que se desarrollará al reposar.
Lava muy bien las hojas y los tallos de apio, y sécalos con papel de cocina o en una centrifugadora de verduras. Si vas a hacer conservas de ajika para el invierno, te recomiendo dejar secar un poco los chiles, el apio y la albahaca durante un par de días. Al perder humedad, la salsa queda más densa y con un sabor intenso y concentrado. Pero si vas a consumirla pronto, puedes mezclar las verduras y hierbas frescas sin problema.

El apio aporta frescura a la ajika. Es importante secar bien las hojas antes de triturarlas para que la salsa no quede aguada.
Separa las hojas de la albahaca morada de sus tallos. No utilices los tallos para esta receta, ya que son duros y fibrosos.

Utiliza únicamente las hojas de la albahaca. Los tallos duros pueden estropear la delicada textura de la salsa terminada.
Pon las hierbas y las verduras en el vaso de la batidora. También puedes triturarlo todo con una batidora de mano o pasarlo un par de veces por una picadora de carne.

Ponemos todos los ingredientes preparados en la batidora. Es la forma más rápida de conseguir la textura adecuada.
Exprime el zumo de un limón y cuélalo para quitar las pepitas. Añade la sal marina. ¡Usa sal marina siempre que puedas, es mucho más saludable!

El zumo de limón actúa como conservante natural y la sal marina realza el sabor de todos los ingredientes.
Añade una cucharada colmada de khmeli-suneli (mezcla tradicional georgiana de especias) y tritura los ingredientes con toques cortos hasta conseguir una pasta espesa con pequeños trozos de verduras.
Lava meticulosamente los botes donde vayas a guardar la ajika y escáldalos con agua hirviendo. Pasa la ajika lista a un recipiente limpio y seco. Te aconsejo guardarla en botes de cristal; si usas envases de plástico, que sean solo de un uso, porque el plástico absorbe mucho los olores.
Cierra los botes herméticamente. A mí me encantan los tarros con cierre de clip, son comodísimos. Mete la ajika ya lista en la nevera. Pasadas unas horas ya puedes probarla, pero es mejor esperar 2 o 3 días. La ajika con albahaca se conserva perfectamente en la nevera.

Cierra bien el tarro y deja reposar la salsa un par de días. En ese tiempo, los sabores se fusionarán y ganarán profundidad.
En el idioma abjasio, la palabra ajika significa «sal». Originalmente era sal triturada con especias y guindilla, que se llamaba apyrpyl-jika. Con el tiempo, la receta evolucionó hasta convertirse en la pasta espesa que conocemos hoy. La ajika con albahaca conserva perfectamente sus propiedades en la nevera gracias a sus conservantes naturales: la sal y el zumo de limón. Sin embargo, es fundamental utilizar envases de cristal esterilizados para evitar olores extraños y que el producto se estropee.
Sirve esta ajika no solo con carnes, sino también con verduras asadas, añádela a tus sopas para darles un toque picante, o utilízala como marinada para aves. Si tienes ganas de experimentar, prueba a incorporar unas nueces a la mezcla; esto le dará una textura más untuosa y un sabor más suave y almendrado. Recuerda que la salsa necesita reposar al menos un par de días: en este tiempo, el picor del ajo y del chile se integrará con el aroma de las hierbas, creando un conjunto equilibrado y espectacular.


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