El pastel de hojaldre con ricotta y espinacas es un auténtico salvavidas cuando te apetece algo sofisticado pero tienes poco tiempo para hazañas culinarias. Lo preparamos con ingredientes de calidad que nos facilitan mucho la vida en la cocina: basta con comprar una buena masa de hojaldre y espinacas congeladas. La combinación de espinacas y queso suave se considera un clásico de la cocina mediterránea, donde estos pasteles son muy apreciados por la armonía de sus texturas: una corteza crujiente y un relleno cremoso. Para que el relleno quede perfecto, es fundamental preparar bien la verdura, evaporando el exceso de líquido. Además, el toque de nuez moscada recién rallada le aportará ese aroma elegante que lo hace inolvidable.
Ingredientes
- 800 g de masa de hojaldre
- 400 g de espinacas congeladas
- 250 g de queso ricotta
- 200 g de queso rallado (tipo tierno o con un toque ahumado)
- 3 huevos
- 100 g de pan rallado
- 50 g de mantequilla
- 2 dientes de ajo
- Nuez moscada fresca
- Sal y pimienta al gusto
- Semillas de sésamo blanco y negro
Cómo preparar el pastel de hojaldre con ricotta y espinacas
Prepara el relleno. En una sartén honda, derrite la mantequilla, añade el ajo finamente picado y echa las espinacas. Salpimenta al gusto y deja que el líquido que desprenden empiece a hervir. Cocina durante unos 10 minutos, hasta que el líquido se evapore por completo. Ten cuidado de no cocinarlas demasiado o perderán su intenso color verde y se volverán marrones.

Es fundamental evaporar todo el exceso de líquido de las espinacas para que el hojaldre no se ablande.
Escurre bien el líquido de la ricotta, ponla en un bol y añade queso rallado (puedes usar un queso fundido suave o tipo tierno).
Bate dos huevos con unas varillas hasta obtener una mezcla homogénea y añádelos al relleno.
Deja que las espinacas se enfríen a temperatura ambiente y agrégalas al resto de los ingredientes.
Echa el pan rallado en el bol. Puedes usar pan rallado comprado o tostar un poco de pan blanco en casa y triturarlo.
Añade la nuez moscada. Te recomiendo rallarla fresca, necesitarás aproximadamente un cuarto de nuez. Mezcla bien todo el relleno y salpimenta a tu gusto.
Estira una lámina de masa de hojaldre de 20×15 centímetros sobre una tabla espolvoreada con harina. Con un rodillo cortador especial, haz un enrejado y estira la masa. Si no tienes este utensilio, haz cortes de unos 2 centímetros de largo a intervalos regulares, alternando la posición en la siguiente fila (en forma de tresbolillo) y luego estira la masa. La distancia entre las tiras debe ser de 1 centímetro. No cortes hasta el borde para evitar que la lámina se rompa.
Estira otra lámina de masa del mismo tamaño. Reparte el relleno por encima, dejando un margen de aproximadamente 1 centímetro en los bordes. Bate el huevo restante con un tenedor y pincela la masa alrededor del relleno.
Coloca el enrejado de masa sobre el relleno y presiona los bordes con un tenedor para sellarlos bien.

Presiona los bordes con un tenedor para crear un patrón decorativo y asegurar que quede bien cerrado.
Pincela el pastel con el huevo batido y espolvorea semillas de sésamo por encima. El color del sésamo no importa, no afectará al sabor; yo uso blanco y negro para darle un toque diferente. Repite el proceso con el resto de la masa; de un paquete de hojaldre ya cortado suelen salir 4 pasteles.
Coloca los pasteles en una bandeja de horno. Precalienta el horno a 200 grados centígrados. Mete los pasteles y hornea durante unos 20-22 minutos hasta que adquieran un tono dorado. No es necesario engrasar la bandeja porque la masa ya tiene suficiente grasa.

Hornea hasta lograr un tono dorado intenso. El hojaldre es graso y no necesita que engrases la bandeja.
Sirve el pastel de hojaldre con ricotta y espinacas caliente. ¡Que aproveche!
Lo ideal es servir el pastel de hojaldre con ricotta y espinacas caliente, cuando las capas de la masa están más crujientes y esponjosas, y el centro de queso se mantiene cremoso. Para acompañarlo, viene genial una buena taza de té o una copa de vino blanco seco si estás planeando una cena romántica. Si te apetece experimentar, prueba a añadir al relleno unos tomates secos o unos piñones tostados: esto le dará al plato nuevos e interesantes matices de sabor y textura.
Por cierto, si te sobra pastel, al día siguiente es muy fácil revivirlo: solo tienes que calentarlo en el microondas o darle un toque rápido en una sartén seca con tapa, y volverá a estar como recién sacado del horno. Es mejor guardar las sobras en la nevera, bien envueltas en papel vegetal, para que el hojaldre no absorba otros olores. Esta receta es una base fantástica para dar rienda suelta a tu creatividad, ya que en lugar de ricotta puedes usar requesón graso, y cambiar las espinacas por tu verdura favorita, manteniendo siempre la misma técnica de preparación.










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