El pastel de requesón es una receta casera sorprendentemente fácil de preparar, pero increíblemente deliciosa, capaz de llenar tu cocina de un ambiente cálido y acogedor en cuestión de minutos. La base es una masa quebrada muy friable elaborada con kéfir, que al hornearse adquiere una costra crujiente y apetitosa. En su interior esconde un relleno muy delicado a base de tvorog suave (queso fresco ruso tradicional, similar a un requesón escurrido) con un vibrante toque cítrico a limón. Estas recetas llevan generaciones transmitiéndose en las familias, ya que la repostería con requesón siempre ha sido muy valorada por sus beneficios y su sabor equilibrado. Para que el relleno te quede especialmente sedoso, utiliza un queso batido de calidad o pasa el requesón tradicional por un colador: este pequeño secreto de chef convertirá tu postre en un bocado verdaderamente exquisito.

Un pastel de requesón dorado y aromático es el broche de oro perfecto para una comida en familia. El toque de limón le aporta una elegancia muy especial.
Para la masa
- 300 g de harina de trigo
- 100 g de azúcar blanco
- 1 cucharadita de levadura química (o levadura de repostería)
- 1 huevo
- 150 g de mantequilla
- 50 g de kéfir (o yogur natural sin edulcorar)
- una pizca de sal, una pizca de bicarbonato
- huevo batido y azúcar extra para decorar la superficie
Para el relleno
- 350 g de pasta de tvorog (o requesón suave bien escurrido)
- 1 limón
- 1 huevo
- 2 cucharadas de fécula de patata
- 130 g de azúcar
Cómo preparar el pastel de requesón
Tamiza la harina de trigo en un bol, añade la levadura química, una pizca de sal fina y el azúcar blanco fino.

Empezamos la receta integrando todos los ingredientes secos para asegurar que la levadura se reparta de manera homogénea.
Corta la mantequilla fría en dados, añádela a los ingredientes secos y frota con las manos hasta obtener unas migas de harina, mantequilla y azúcar. A continuación, incorpora el kéfir (o yogur natural) y casca un huevo fresco. Si el kéfir es muy ácido, añade una pizca de bicarbonato para neutralizar la acidez.
Pasa los ingredientes a la mesa de trabajo y amasa con las manos. Si la masa queda muy dura, añade 1-2 cucharadas de agua helada; si, por el contrario, la notas muy líquida, espolvorea un poco más de harina.

La masa debe quedar lisa y homogénea. Si notas que se te pega demasiado a las manos, espolvorea un poquito más de harina.
Envuelve la masa y métela en la nevera durante unos 30 minutos. Después, divídela por la mitad y estira cada parte hasta obtener una plancha de medio centímetro de grosor o un poco más.

Estira la masa fría hasta formar planchas. Intenta mantener un grosor de unos 5 mm para que se hornee de manera uniforme.
Forra un molde rectangular con papel de aluminio y engrásalo con aceite o rocíalo con espray desmoldante. Coloca la primera mitad de la masa estirada y pínchala con un tenedor o hazle unos cortes con un cuchillo. El papel de aluminio te permitirá desmoldar el pastel con mucha más facilidad.

Coloca la primera capa de masa en el molde. Pincharla con un tenedor evitará que se hinche durante el horneado.
Para el relleno, mezcla el tvorog suave (un queso fresco ruso muy similar al requesón), el azúcar, el huevo y la fécula de patata (la maicena también funciona perfectamente). Lava el limón y pásalo por agua hirviendo. Ralla la piel directamente sobre el bol y exprime el zumo de la mitad del limón. Cuela el zumo para evitar que caigan pepitas en la mezcla.

Utiliza requesón suave para el relleno. El zumo y la ralladura de limón son el secreto para potenciar el sabor de esta tarta.
Extiende el relleno sobre la base, cúbrelo con la segunda capa de masa estirada y sella ligeramente los bordes para que el relleno no se escape durante el horneado. Bate un huevo en un cuenco pequeño, pincela toda la superficie del pastel y espolvorea con un poco de azúcar. Precalienta el horno a 180 grados Celsius. Introduce el molde en el horno y hornea entre 40 y 45 minutos, hasta lograr una costra bien dorada.

El pastel estará listo cuando luzca una preciosa costra dorada en la superficie. El azúcar espolvoreado aporta un crujido irresistible.
Deja enfriar el pastel dentro del molde y, tirando del papel de aluminio, sácalo con mucho cuidado. Recorta los bordes irregulares y córtalo en porciones individuales.
¡Sírvelo templado o frío!

Deja que el pastel se enfríe un poco antes de cortarlo; así conseguirás cortes limpios y evitarás que el relleno se desparrame.
Lo ideal es llevar este pastel de requesón a la mesa cuando se haya enfriado un poco; así el relleno termina de asentarse y el sabor del limón se despliega por completo. Si te sobran porciones, guárdalas en la nevera dentro de un recipiente hermético: al día siguiente, la masa estará aún más tierna y los sabores mucho más intensos. Este postre marida a la perfección con una buena taza de té de hierbas aromáticas, un café recién hecho o un vaso de leche bien fría, algo que a los niños les encantará.
Anímate a experimentar con esta receta base: puedes añadir al relleno un puñado de pasas, arándanos deshidratados o unos orejones muy picaditos. Si quieres darle un toque más festivo, espolvorea el pastel con azúcar glas antes de servirlo o decóralo con unas hojitas de menta fresca. Y no lo olvides: el secreto para conseguir esa costra dorada y perfecta está en pincelar la superficie con huevo y espolvorear un poquito de azúcar justo antes de meter el molde en el horno.

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