El paprikash de pollo con nata es un plato clásico de la cocina austrohúngara que ha reunido durante siglos a los más sibaritas de Europa Central en una misma mesa. Esta joya culinaria debe su nombre a su ingrediente estrella: el pimentón (páprika), que no solo le da a la salsa su inconfundible tono rojo intenso, sino también un aroma profundo y ligeramente ahumado. Durante el guisado, la carne se impregna de los jugos del pimiento dulce fresco y los tomates, volviéndose increíblemente tierna, mientras que la adición de nata transforma la salsa en una emulsión aterciopelada. Es el plato perfecto para esas noches frías en las que el cuerpo pide algo realmente nutritivo y reconfortante, y su sabor intenso marida a la perfección con unos ñoquis de patata tradicionales o un puré muy ligero.

Un apetitoso paprikash de pollo con nata es el plato principal perfecto. Sírvelo bien caliente junto a un puré de patatas o un poco de arroz.
Ingredientes:
- 500 g de carne de contramuslo de pollo
- 25 g de maicena (almidón de maíz)
- 150 g de cebolla
- 3 dientes de ajo
- 300 g de pimiento rojo dulce
- 120 g de tomates
- 1 guindilla roja
- 1 cucharada de pimentón dulce
- 250 ml de nata para montar (mínimo 35% M.G.)
- sal, azúcar y pimienta negra al gusto
- aceite de girasol o de oliva suave
Cómo preparar paprikash de pollo con nata
Corta la carne de los contramuslos de pollo en trozos grandes. Utiliza solo filetes sin piel para que el plato no quede demasiado graso.

Para asegurar la jugosidad, elige carne de contramuslo. Quitar la piel te ayudará a hacer un plato mucho menos graso.
Echa la maicena en una bolsa de plástico y añade el pollo troceado. Ata la bolsa con un nudo y agítala. Este método para rebozar es perfecto: la carne se cubre con una capa fina de maicena, el exceso se queda en la bolsa y la cocina se mantiene impecable.

Rebozar en una bolsa es el truco más limpio y rápido para cubrir la carne con una fina y uniforme capa de maicena.
En una sartén honda y ancha vierte dos cucharadas de aceite de girasol o de oliva suave y caliéntalo. Añade el pollo rebozado en maicena al aceite caliente y dóralo rápidamente a fuego fuerte.

Dora el pollo a fuego fuerte hasta conseguir una costra dorada; así conservarás toda la jugosidad en el interior de cada trozo.
Incorpora al pollo dorado la cebolla finamente picada y los dientes de ajo machacados.
Corta los pimientos rojos carnosos por la mitad, retira las semillas y el pedúnculo, y lávalos bajo el grifo para eliminar los restos de semillas. Pica la pulpa en dados pequeños. Frota la guindilla entre las palmas de las manos, córtale el rabito y sacude las semillas. Pícala finamente. Añade el pimiento rojo y la guindilla a la sartén.

El pimiento dulce aporta al plato su sabor tradicional, mientras que la guindilla le da un puntito picante muy agradable.
Escalda los tomates rojos maduros en agua hirviendo, pélalos y córtalos finamente. Incorpóralos a la sartén junto con el pimentón dulce, la sal y la pimienta a tu gusto.
Cocina la carne con las verduras a fuego medio durante 15 minutos, y luego vierte la nata para montar (con un alto porcentaje de grasa). Puedes sustituir la nata por smetana (nata agria típica de Europa del Este); si lo haces, te aconsejo añadir un poco de caldo de pollo para que la salsa no quede demasiado espesa.

La nata vuelve la salsa sedosa y aterciopelada. Puedes usar en su lugar smetana (nata agria) rebajada con caldo.
Cocina todo junto a fuego lento durante unos 8 minutos más. En este punto también puedes verter un poco de agua caliente o caldo de pollo si el líquido se evapora demasiado rápido.
Tu paprikash de pollo con nata ya está listo. Sírvelo bien caliente en la mesa, acompañado de un cremoso puré de patatas o unas patatas cocidas. ¡Que aproveche! ¡Cocina con ganas y disfruta del resultado!
Para que tu paprikash de pollo con nata quede aún más delicioso, te recomendamos servirlo espolvoreado generosamente con perejil fresco o eneldo picado. Si quieres experimentar con la textura, prueba a sustituir la nata por smetana (nata agria espesa): le dará a la salsa un agradable toque ácido, muy característico de las recetas más rústicas. Como guarnición, además de las patatas, puedes usar unos fideos de huevo o arroz blanco suelto, que absorben de maravilla esta salsa densa de pimentón.
Si sobra paprikash después de cenar, estás de enhorabuena: al día siguiente se vuelve aún más aromático, ya que las especias terminan de liberar todo su potencial. Guárdalo en la nevera dentro de un recipiente hermético durante un máximo de dos o tres días. Al recalentarlo a fuego lento, añade un par de cucharadas de agua o caldo para recuperar la textura ideal de la salsa y mantener intacta la jugosidad del pollo.




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