Descubre el secreto para cocinar el pollo más jugoso y sabroso que hayas probado jamás: ¡el pollo a la sal! Esta técnica, aunque pueda parecer sofisticada, es increíblemente sencilla y produce resultados espectaculares. La cama de sal no sala la carne en exceso; al contrario, crea un efecto de horno que cocina el pollo en sus propios jugos, dejando la piel increíblemente crujiente y la carne tierna y llena de sabor. Es el plato perfecto para sorprender en una cena familiar o una celebración especial sin pasar horas en la cocina.
Ingredientes para el pollo a la sal
- 1 pollo de 2 kg
- 50 g de mantequilla
- 15 ml de aceite de oliva
- 5 dientes de ajo
- 2 guindillas
- 1 cebolla
- 2 hojas de laurel
- 1 cdta. de semillas de cilantro
- 1 cdta. de granos de mostaza
- 1 cdta. de comino
- 1 cdta. de fenogreco
- 1 cdta. de curry
- 15 ml de vinagre balsámico
- 15 g de mostaza de Dijon
- 5 g de azúcar
- 10 g de sal marina gruesa
- 1 kg de sal gorda común
Método de preparación del pollo a la sal
En una sartén bien caliente, añade el fenogreco, el cilantro, la mostaza en grano y el comino. Calienta las semillas, agitando constantemente la sartén para que se tuesten de manera uniforme. Cuando los granos de mostaza comiencen a saltar, retira la sartén del fuego.
Traslada las semillas a un mortero, desmenuza finamente las hojas de laurel y muele todo hasta obtener un polvo aromático.
En el mortero, añade sal marina gruesa, dos guindillas rojas finamente picadas y el ajo troceado. Machaca el ajo y la guindilla con la sal hasta que se conviertan en un puré espeso.
Mezcla las semillas molidas con el puré de ajo y guindilla, y añade un poco de azúcar. El azúcar y la mantequilla, en cantidades moderadas, le darán un color dorado al pollo.
En un bol, pon la mantequilla ablandada, añade la mostaza de Dijon y el vinagre balsámico.
Coge el pollo, lávalo con agua fría y recorta todo lo sobrante (grasa, trozos de piel, la rabadilla). Seca bien la piel con papel de cocina: ¡debe estar completamente seca!
Levanta el borde de la piel, introduce la mano por debajo y sepárala con cuidado de la pechuga y los muslos. Distribuye el marinado de manera uniforme entre la piel y la carne, y no olvides frotar también el interior del pollo con el marinado.
Introduce en el interior del pollo la guindilla restante y una cebolla cortada en cuatro. Ata las patas firmemente con hilo de cocina y dobla las alitas bajo la espalda.
En una bandeja de horno pequeña, coloca una hoja de papel de horno doblada por la mitad. Vierte sobre ella la sal gorda común.
Precalienta el horno a 185 grados Celsius. Cuando el horno alcance la temperatura deseada, coloca el pollo sobre la cama de sal y mete la bandeja en el horno. No se debe poner el pollo sobre la sal con antelación, ya que la humedad de la carne disolverá la sal y se formará un charco.
Hornea un pollo de unos dos kilogramos durante algo más de una hora. Sácalo del horno y retíralo inmediatamente de la cama de sal. Sírvelo bien caliente, recién hecho.
¡Y ahí lo tienes! Un pollo a la sal perfecto, dorado y aromático, listo para ser el protagonista de tu mesa. Al retirarlo del horno, deja que repose unos minutos antes de trincharlo; esto permitirá que los jugos se redistribuyan y la carne quede aún más tierna. Sírvelo con tus acompañamientos favoritos, como unas patatas asadas, una ensalada fresca o verduras al vapor. Esperamos que disfrutes de esta receta tanto como nosotros. ¡No olvides compartir tu experiencia y contarnos cómo te ha quedado!











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