Hoy te invito a un viaje culinario al pasado con una receta que evoca nostalgia y calidez en muchos hogares de Europa del Este: la "Yevreyskiy salat" o ensalada judía. A pesar de su nombre, este plato es un icono de la cocina de la era soviética, famoso por su sencillez y su sabor inolvidable. Con solo tres ingredientes principales —queso fundido, huevos duros y ajo—, esta ensalada cremosa se convierte en un aperitivo perfecto para cualquier ocasión. Es la prueba de que no se necesitan ingredientes complicados para crear algo verdaderamente delicioso. ¡Prepárate para descubrir un clásico que ha conquistado paladares durante generaciones!
Ingredientes para la ensalada judía de queso fundido
- 2 quesitos de queso fundido tipo Druzhba (una marca popular de la era soviética; puedes usar cualquier queso cremoso para untar de buena calidad)
- 2 huevos de gallina
- 2 cucharadas de mayonesa provenzal (o tu mayonesa favorita)
- 1 diente de ajo
- pan, perejil y hojas de lechuga para servir
Modo de preparación de la ensalada judía de queso fundido
Rallamos el queso fundido con un rallador grueso. Esto era todo un ritual. Había que acordarse de meter los quesitos en el congelador durante media hora para que fuera más fácil rallarlos. Pero en el congelador podía ocurrir un percance. El papel de aluminio se pegaba tanto al queso que costaba mucho rasparlo, toda una odisea. Con el queso Druzhba (una popular marca de queso procesado de la era soviética) se consigue la yevreyskiy salat (literalmente «ensalada judía») más sabrosa, pero puedes prepararla con tu queso fundido favorito.
Ponemos los huevos grandes en agua fría y los llevamos a ebullición. Apagamos el fuego y dejamos los huevos en el agua caliente durante 10 minutos. Escurrimos el agua, enfriamos los huevos, los pelamos y los rallamos con un rallador grueso. En un bol, mezclamos los huevos picados y el queso fundido rallado.
Cortamos un diente de ajo, le quitamos el germen del centro para eliminar el olor fuerte. Machacamos el diente de ajo cortado con un cuchillo y lo picamos hasta hacer una pasta. Añadimos el ajo al resto de los ingredientes de la ensalada. Antiguamente, el ajo solo se prensaba con un prensador especial para ello, un utensilio que todavía se encuentra en muchos cajones de cocina.
Aderezamos la ensalada con mayonesa provenzal. A mí me gusta la proporción de 1 quesito, 1 huevo cocido y 1 cucharada de mayonesa, pero puedes añadir más mayonesa o mezclarla con smetana (una crema agria espesa de Europa del Este). Hazlo como más te guste.
Mezclamos bien los ingredientes, y la ensalada judía de queso fundido está lista. En este punto, podrías detenerte y simplemente pasarla a una ensaladera bonita.
Pero te aconsejo que pruebes diferentes formas de servirla: con baguette o ciabatta, en tartaletas, con galletas saladas o, como en esta receta, con pan de centeno. Cortamos pequeños cuadrados de pan de centeno sin corteza. Los tostamos un par de minutos en una tostadora o en una sartén seca. Colocamos una generosa porción de ensalada judía sobre la tosta.
En un plato, ponemos unas hojas de lechuga. Colocamos un aro de emplatar y lo rellenamos con la ensalada, o la servimos formando un montículo. Al lado, colocamos las tostas con la ensalada.
Espolvoreamos con perejil finamente picado y ya podemos servir el aperitivo. No se necesitan más condimentos que las hierbas frescas; incluso la pimienta negra estaría de más.
Espero que hayas disfrutado preparando esta sencilla pero sabrosa "Yevreyskiy salat". Su encanto reside en su versatilidad: sírvela como un dip cremoso con galletas saladas, úntala sobre tostas de pan de centeno crujiente para un aperitivo rápido, o úsala como relleno para huevos duros o tartaletas en una mesa festiva. Cada bocado es un recuerdo de una época en la que la buena comida unía a la gente alrededor de la mesa. Anímate a compartir esta joya de la cocina casera con tus seres queridos y mantén viva una deliciosa tradición. ¡Buen provecho!









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