Salsa de tomate con albahaca

Una aromática salsa de tomate con albahaca, deliciosa tanto para acompañar unos espaguetis como para coronar unos huevos fritos. Prepararla es facilísimo, no te llevará más de media hora y no tiene ni punto de comparación con las salsas industriales del supermercado. ¡Solo necesitas hortalizas frescas del huerto o del mercado! El secreto de su sabor profundo reside en utilizar tomates en su punto máximo de maduración, incluso un poco pasados, ya que al cocinarse liberan todo su dulzor y su jugo. La tradición de preparar estas salsas nos llega de la soleada Italia, donde cada familia guarda su propio secreto para lograr el equilibrio perfecto entre acidez y aroma. Al respirar el perfume de los tomates cocinados a fuego lento con ajo y tomillo, te trasladarás al instante a una acogedora terraza a orillas del Mediterráneo.

Preparación: 15 minutos
Cocción: 30 minutos
Cantidad: 4 Porciones
Por porción
Calorías: 183 kcal
Proteínas: 2.8 g
Grasas: 12.5 g
Carbohidratos: 14.8 g

Ingredientes

  • 1 kg de tomates
  • 50 g de albahaca fresca
  • 1 cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 1 guindilla o chile rojo fresco
  • 2 cucharaditas de tomillo seco
  • 2 cucharaditas de pimentón dulce
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 50 ml de aceite de oliva
  • Sal marina y azúcar al gusto

Cómo preparar la salsa de tomate con albahaca

Para esta salsa son perfectos los tomates muy maduros e incluso los que se han abierto un poco, siempre que estén sanos y sin partes estropeadas. Lava bien los tomates, trocéalos y ponlos en una cazuela de fondo grueso. Vierte aproximadamente medio vaso de agua (unos 100-125 ml).

Tomates maduros troceados dentro de una cazuela para hacer salsa

Para esta salsa lo mejor es usar tomates bien maduros y jugosos para lograr un sabor intenso.

Tapa la cazuela y cuece los tomates a fuego fuerte durante 15 minutos desde que rompan a hervir. Debe quedar un puré de tomate espeso, sin trozos enteros. El tiempo exacto dependerá de la variedad de los tomates y del tamaño de los trozos.

Tomates cocidos y deshechos en una cazuela formando una masa suave

Tras 15 minutos de hervor, los tomates deben haberse transformado en un puré rústico y espeso.

Ahora toca eliminar la piel y las pepitas. Coloca un colador de malla fina sobre un bol hondo y vuelca los tomates cocidos.

Tomates cocidos pasándose por un colador metálico sobre un bol

Pasar los tomates por el colador permite obtener una textura perfectamente fina y homogénea.

Con una cuchara sopera, aplasta y pasa los tomates por el colador, presionando bien para aprovechar todo el jugo, y raspa con la cuchara la pulpa que queda adherida por debajo de la malla.

Pieles y semillas de tomate en el colador tras extraer toda la pulpa

Prensamos bien la pulpa para aprovechar todo el sabor y dejar fuera solo las pieles y semillas.

Pica la cebolla en daditos muy pequeños, cuanto más finos, mejor. Lamina los dientes de ajo bien finos. Vierte el aceite de oliva en una sartén, añade la cebolla y el ajo, calienta y sofríe a fuego lento hasta que la cebolla esté casi transparente.

Cebolla picada y ajo laminado sofriéndose en una sartén con aceite

Pochamos lentamente la cebolla y el ajo en aceite de oliva hasta que estén transparentes.

Abre la guindilla roja, retira las semillas, pícala muy fina y añádela a la sartén con la cebolla y el ajo.

Guindilla roja fresca picada añadida al sofrito de cebolla en la sartén

La guindilla aporta a la salsa una chispa picante muy agradable y llena de carácter.

Incorpora dos cucharaditas de tomillo seco. Rehoga la cebolla con las especias durante unos minutos más; el aroma en este punto es sencillamente espectacular. Así es como debe oler una buena salsa de tomate.

Tomillo seco añadido a la cebolla, el ajo y la guindilla en la sartén

El tomillo empieza a desplegar su increíble aroma en cuanto entra en contacto con el calor del sofrito.

Vierte en la sartén el puré de tomate colado.

Puré de tomate colado mezclándose con el sofrito aromático en la sartén

Vertemos el puré de tomate colado sobre el sofrito de cebolla y especias.

Añade el pimentón dulce y el ajo en polvo. El ajo seco es opcional, pero tiene un matiz aromático distinto al del ajo fresco y aporta un toque muy original al conjunto de la salsa. Condimenta con sal y azúcar a tu gusto.

Pimentón dulce y especias sobre la salsa de tomate en la sartén

El pimentón dulce y el ajo en polvo realzan el sabor de los tomates frescos con nuevos matices.

Lleva la salsa a ebullición y cocínala a fuego medio durante 10 minutos. Mientras tanto, separa las hojas de albahaca fresca de los tallos. Enrolla las hojas más grandes sobre sí mismas y córtalas en tiras finas. Incorpora la albahaca picada a la salsa 2 minutos antes de terminar la cocción.

Albahaca fresca picada añadida a la salsa de tomate en la sartén

La albahaca fresca es el gran secreto del aroma de esta salsa clásica.

Prueba la salsa. En este momento puedes ajustar el punto de dulzor y acidez a tu gusto. Por ejemplo, si los tomates eran muy ácidos, añade una pizca más de azúcar.

Salsa de tomate espesa y lista removiéndose en la sartén

En este punto puedes ajustar el equilibrio de sal y azúcar a tu gusto.

Pasa la salsa a un tarro de cristal bien seco con tapa hermética y guárdalo en la nevera. Esta salsa de tomate con albahaca se conserva perfectamente en el frigorífico durante 3 días.

Salsa de tomate casera con albahaca en un tarro de cristal para conservar

Guarda la salsa en un tarro bien cerrado en la nevera; conservará todo su sabor hasta 3 días.

Cuece unos espaguetis, calienta la salsa de tomate con albahaca, incorpora la pasta recién hecha a la sartén con una nuez de mantequilla y saltea todo junto un par de minutos. Espolvorea con queso parmesano. ¡Que aproveche!

Si te apetece experimentar, prueba a añadir a la salsa unas alcaparras o unas aceitunas picadas para darle un carácter mediterráneo aún más marcado. Además, esta salsa se puede congelar sin problema: solo tienes que repartirla en recipientes pequeños y sacarla cuando quieras solucionar una cena rica en poco tiempo. Recuerda añadir siempre la albahaca fresca justo al final de la cocción para que conserve su color verde vivo y no pierda sus valiosos aceites esenciales, que son los que hacen que este plato sea realmente especial.