Este magnífico postre italiano, el tiramisú de frambuesa, es una tarta sin horno elaborada con bizcochos de soletilla (savoiardi) que se convertirá en tu mejor aliado en un caluroso día de verano. Esta receta sin café conserva la legendaria suavidad del original, pero le aporta un vibrante toque ácido de frutos rojos y un precioso tono rosado. El secreto de su textura impecable reside en el almíbar: la frambuesa impregna con su aroma los porosos bizcochos, creando un contraste armonioso con la densa crema de mascarpone y nata. A menudo se le llama la «versión veraniega» del clásico, ya que resulta más ligera y refrescante, y al no llevar café, es perfecta también para los pequeños gourmets de la casa.

¡Mira qué maravilla ha quedado! Este tiramisú de frambuesa será el centro de todas las miradas en tu mesa.
Ingredientes
- 350 g de frambuesas frescas
- 100 g de azúcar blanquilla
- 100 ml de zumo de cereza o de frambuesa
- 100 g de bizcochos de soletilla (savoiardi)
- 200 g de queso mascarpone
- 200 g de nata para montar (mínimo 33 % M.G.)
- 50 g de azúcar glas
- Hojas de menta fresca
Cómo preparar tiramisú de frambuesa
Pon las frambuesas en un cazo (reserva una parte para la decoración final) y añade el azúcar blanquilla. Puedes aumentar o reducir la cantidad de azúcar a tu gusto. Si las frambuesas están un poco ácidas, esta proporción de azúcar te irá genial.
Tritura las frambuesas con el azúcar usando una batidora y calienta la mezcla casi hasta que rompa a hervir. Pásala por un colador de malla fina, presionando bien la pulpa para retirar las pepitas. Vierte el zumo de cereza o de frambuesa y deja enfriar este almíbar a temperatura ambiente. Si preparas el postre solo para adultos, puedes sustituir el zumo por un licor de frambuesa o de cereza.
Forra un molde desmontable con film transparente de modo que cubra la base y las paredes, dejando que los bordes sobresalgan hacia fuera. Moja los bizcochos de soletilla (savoiardi) en el almíbar de frambuesa y colócalos en una sola capa sobre el fondo del molde. Ponlos bien juntos para formar una base compacta.
Añade al queso mascarpone 50 ml de nata para montar (con al menos un 33 % de materia grasa) y la mitad del azúcar glas. Bate durante unos minutos. Aparte, monta el resto de la nata con el azúcar glas restante. Incorpora con movimientos envolventes el mascarpone a la nata montada: obtendrás una crema suave, esponjosa y deliciosa. Divídela por la mitad y extiende una parte sobre la capa de bizcochos.
Alisa la crema con una espátula o una cuchara sopera para que quede una capa del mismo grosor. Moja la siguiente tanda de bizcochos en el almíbar de frambuesa y colócalos sobre la crema. Hazlo rápido: estos bizcochos son tan tiernos que se ablandan al instante y absorben el líquido como una esponja.
Extiende la crema restante sobre esta segunda capa de bizcochos.
Reparte la crema en una capa uniforme, dobla hacia dentro los bordes sobresalientes del film transparente y lleva el tiramisú a la nevera entre 4 y 8 horas para que se asiente y tome sabor.
Antes de servir, desmolda el tiramisú y retira el film transparente. Si has usado un molde fijo, te resultará muy cómodo sacar la tarta tirando hacia arriba de los bordes del film.
Coloca las frambuesas frescas y bien secas (elige solo las mejores piezas) por encima de la tarta. Si las bayas están húmedas o chafadas, pueden estropear el aspecto del postre, aunque el sabor seguirá siendo igual de bueno.
Espolvorea las frambuesas con azúcar glas usando un colador fino y decora la tarta con unas hojitas de menta. Sirve el postre bien frío. ¡Que aproveche!
Para que tu tiramisú de frambuesa luzca digno de pastelería, sírvelo en copas de cristal o vasos anchos si no te apetece complicarte con el molde. Para una versión más adulta, puedes enriquecer el almíbar con un chorrito de licor de almendras o limoncello, lo que realzará de maravilla el dulzor de la fruta. Eso sí, deja reposar el postre en la nevera durante al menos cuatro horas: es el tiempo necesario para que el mascarpone coja cuerpo y todos los sabores se fundan en una auténtica sinfonía. Por cierto, no tires la pulpa y las pepitas de frambuesa que quedan en el colador: son un exfoliante corporal natural fantástico. Sécalas sobre papel de horno y tritúralas en una batidora o molinillo. Mezcla una cucharada sopera de estas pepitas molidas con una cucharadita de miel y aplica la mezcla sobre el rostro. Déjala actuar durante 20 minutos y retírala con agua dando un suave masaje circular. Así es la frambuesa: un postre delicioso y un cosmético natural todo en uno.










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