Albóndigas con arroz en salsa de nata agria

Una comida casera, sencilla y reconfortante que tendrás lista en menos de una hora. Las albóndigas con arroz en salsa de smetana (nata agria tradicional, conocida en la cocina eslava como 'tefteli') son la pura esencia del hogar, un plato que a muchos nos transporta directamente a la infancia. En esta versión quedan especialmente tiernas gracias a la combinación de cerdo magro y pechuga de pollo, mientras que el arroz les aporta una textura más esponjosa y suave. El rebozado en panko ayuda a sellar todos los jugos en el interior, mientras la salsa espesa de nata agria y caldo impregna lentamente cada bocado, logrando un sabor redondo y lleno de armonía.

Preparación: 15 minutos
Cocción: 30 minutos
Cantidad: 4 Porciones
Por porción
Calorías: 312 kcal
Proteínas: 18 g
Grasas: 17 g
Carbohidratos: 23 g

Ingredientes

  • 200 g de arroz blanco cocido
  • 300 g de carne picada casera (pollo y cerdo)
  • 2 cucharadas de cebolleta (la parte verde) finamente picada
  • 1 huevo
  • pan rallado panko
  • sal, pimienta y aceite para freír
  • unas ramitas de eneldo fresco

Ingredientes para la salsa

  • 100 g de smetana (nata agria o crème fraîche)
  • 20 g de harina de trigo
  • 500 ml de caldo de pollo (o agua + pastilla de caldo)
  • sal al gusto

Cómo preparar albóndigas con arroz en salsa de nata agria

Cuece el arroz blanco de grano largo hasta que esté en su punto. Primero, lava el grano, ponlo en un cazo y cúbrelo con agua fría en una proporción de 1 parte de arroz por 2 de agua. Lleva a ebullición, cocina a fuego lento durante 10-15 minutos y déjalo reposar tapado otros 10 minutos. Es mejor no añadir sal ahora; resulta más práctico salar toda la mezcla de las albóndigas de una vez que hacerlo ingrediente por ingrediente. Pon 200 g de arroz ya frío en un bol grande.

Arroz blanco de grano largo cocido en un bol metálico

Empezamos preparando el arroz. Hay que cocerlo en su punto y dejarlo enfriar antes de incorporarlo a la carne picada.

Añade la carne picada casera de pollo y cerdo bien fría. Esta mezcla queda muy sabrosa y tiene poca grasa, ya que la preparo con magro de cerdo y pechuga de pollo sin piel.

Carne picada añadida al arroz blanco cocido dentro de un bol

Añadimos al arroz frío la carne picada casera de pollo y cerdo. Esta combinación hace que las albóndigas queden tiernas y ligeras.

Pica finamente la cebolleta (la parte verde o cebollino tierno). Incorpórala al bol con la carne y el arroz.

Tallo verde de cebolleta finamente picado sobre la carne picada y el arroz

El tallo verde de la cebolleta aporta jugosidad y un aroma muy fresco a las albóndigas. Lo picamos lo más fino posible.

Casca un huevo grande y añádelo. Agrega sal al gusto y, si te apetece, un toque de pimienta negra recién molida.

Huevo crudo y sal en el bol con los ingredientes de las albóndigas

Cascamos el huevo y salamos al gusto. El huevo ayudará a que las albóndigas mantengan su forma durante la cocción.

Amasa bien la mezcla hasta que quede homogénea, compacta y ligada. En este punto, conviene enfriarla: métela 10 minutos en el congelador o déjala media hora en la nevera.

Masa de carne picada bien mezclada con arroz y cebolleta en un bol

Amasamos la mezcla hasta que sea homogénea. Si tienes tiempo, déjala reposar un poco en la nevera para que quede más compacta.

Vierte el pan rallado panko en un plato. Divide la masa de carne en 7-8 porciones iguales. Con las manos húmedas, forma las albóndigas (de tamaño generoso, al estilo de las ‘tefteli’ tradicionales) y rebózalas en el panko. También puedes usar pan rallado normal o miga de pan fresca.

Formando una albóndiga y rebozándola en un plato con pan rallado panko

El uso de pan rallado panko garantiza una corteza especialmente crujiente y dorada.

Reboza el resto de las albóndigas de la misma manera. Por cierto, en este punto puedes congelarlas: colócalas sobre una tabla de cortar o en un táper, congélalas a -24 °C y luego pásalas a una bolsa hermética. Cuando las necesites, solo tendrás que descongelarlas y dorarlas.

Albóndigas formadas y rebozadas en panko sobre una tabla de madera

En este punto, las albóndigas están listas para freír. También puedes aprovechar para congelarlas y usarlas más adelante.

Vierte aceite vegetal refinado de sabor neutro en una sartén. Caliéntalo y coloca las albóndigas. Dóralas durante 3-4 minutos hasta que tomen un bonito color dorado y dales la vuelta.

Albóndigas crudas rebozadas friéndose en aceite caliente en una sartén

Colocamos las albóndigas en aceite refinado bien caliente. Es importante cocinarlas a fuego medio para que el rebozado no se queme.

Fríelas por el otro lado durante 3 minutos más. Nunca frías con aceite virgen extra si necesitas cocinar a fuego fuerte: se quema con facilidad, por eso para freír a altas temperaturas se utiliza aceite refinado.

Albóndigas doradas por un lado friéndose en la sartén

Cuando un lado esté dorado, damos la vuelta a las albóndigas con cuidado. ¡El aroma que se desprende en la cocina es espectacular!

Pasa las albóndigas doradas a una sartén limpia ligeramente engrasada con aceite. Para la salsa, mezcla la smetana (nata agria espesa tradicional; puedes usar nata agria o crème fraîche), la harina de trigo y el caldo de pollo templado. Si no tienes caldo a mano, disuelve una pastilla de caldo en agua caliente. Vierte la salsa sobre las albóndigas y lleva a ebullición.

Albóndigas bañadas en salsa blanca de nata agria dentro de una sartén

Bañamos las albóndigas doradas con la suave salsa de nata agria, harina y caldo. Esto hará que queden increíblemente tiernas.

Guisa las albóndigas en la salsa de nata agria a fuego suave durante 5-7 minutos y retira la sartén del fuego. Pica finamente unas ramitas de eneldo (solo las hojas). Espolvorea las albóndigas con el eneldo recién picado y sírvelas enseguida.

Albóndigas listas en salsa espolvoreadas con eneldo fresco en la sartén

Cocinamos las albóndigas en la salsa durante unos minutos y espolvoreamos con eneldo fresco. ¡El plato está listo para llevar a la mesa!

Para que las albóndigas con arroz en salsa de smetana (nata agria) luzcan aún más apetecibles, sírvelas en platos hondos y báñalas generosamente con su salsa. Como guarnición le va de maravilla un buen puré de patata o una ensalada ligera de verduras que equilibre la untuosidad de la salsa. Si quieres darle un toque más aromático, prueba a añadir a la mezcla de nata agria un poco de ajo prensado o una pizca de nuez moscada.

Si sobran algunas raciones de la cena, se conservarán estupendamente en la nevera hasta el día siguiente. Para recalentarlas, hazlo a fuego lento con la sartén tapada, añadiendo un par de cucharadas de agua o caldo para que la salsa recupere su fluidez. Ten en cuenta que el arroz sigue absorbiendo humedad con el paso de las horas, por lo que al día siguiente el plato estará más espeso e incluso más sabroso.