El consejo que más se repite en los comentarios de internet es siempre el mismo: sala al final o le sacarás todo el jugo a la carne. Comprobarlo es muy fácil. Espolvorea sal sobre un buen filete, déjalo en la tabla y vuelve a los 20 minutos: verás gotas en la superficie, la tabla estará húmeda y la carne se habrá oscurecido. Parece un argumento irrefutable.
Pero hay algo que no encaja con esa teoría. En las cocinas profesionales, los chuletones y entrecots se salan un día entero antes de servirlos. El pollo para asar se sala la noche anterior y se deja en la nevera tal cual, al descubierto, sin film transparente ni tapa, sobre una rejilla. Y después de esto, la carne queda muchísimo más jugosa que la que salas un minuto antes de echarla a la sartén.
Ambas imágenes son reales, solo que la primera se queda a mitad del proceso. La sal extrae la humedad, sí. Pero al cabo de unas horas, esa humedad vuelve a entrar en la pieza, llevando consigo la sal disuelta. Después, la sal empieza a trabajar sobre las proteínas, que es exactamente lo que buscábamos desde el principio.

Un filete en su punto perfecto tras la salmuera seca: los jugos se mantienen dentro de la carne en lugar de perderse en la tabla.
Tabla de contenidos
- Qué es la salmuera seca y por qué funciona mucho mejor
- Cuándo la salmuera seca le gana la partida al marinado
- Cuánta sal necesitas para la salmuera seca
- Cuánto tiempo dejar la carne, las aves y el pescado en salmuera seca
- Cómo hacer una salmuera seca perfecta: guía paso a paso en 10 puntos
- 5 ejemplos prácticos que puedes poner a prueba hoy mismo
- 8 errores clásicos que arruinan el resultado
- Especias: cuáles poner al principio y cuáles al final
- 6 trucos que me traje de las cocinas profesionales
- Por qué la salmuera seca jamás reseca la carne
Qué es la salmuera seca y por qué funciona mucho mejor
Formas de salar que siempre se confunden
Cuando hablo de «salmuera seca» (o salado en seco), a menudo me preguntan: ¿te refieres simplemente a echarle sal? Pues no tan simple. Existen cuatro técnicas distintas y la gente las confunde constantemente.
Salar justo antes de cocinar hace que la sal se quede en la superficie. En dos minutos no le da tiempo a penetrar, por lo que el sabor queda en capas: una costra salada y un interior soso. Para un escalope fino o un filete de pescado que se hace en tres minutos, esto es más que suficiente.
La salmuera seca funciona de otra manera. Aplicas la sal con antelación, normalmente unas horas o un día antes de cocinar (a veces con especias o una pizca de azúcar), y dejas el producto al descubierto en la nevera desde media hora hasta dos días, según el tamaño. Al principio, la sal extrae la humedad, luego se disuelve en ella y, convertida en salmuera, vuelve a penetrar hacia el interior. No se pierde líquido y el peso apenas cambia.
La salmuera húmeda consiste en sumergir el alimento en agua con sal, normalmente en una proporción del 5 al 8 %. La carne absorbe agua, gana peso y pierde menos líquido al cocinarse. La desventaja es que el sabor se diluye, y la piel de las aves, después de ese baño, tarda mucho en secarse y se dora peor. Entre los profesionales, la salmuera seca casi ha desterrado a la húmeda, salvo en casos puntuales como un pavo muy magro.
El marinado (o adobo) resuelve un problema totalmente distinto. El ácido, el aceite y los aromáticos trabajan sobre todo en el exterior, penetrando apenas un par de milímetros. El marinado aporta el sabor de la mezcla, pero cambia muy poco la estructura interna de la carne; de hecho, si te pasas con el ácido, la capa superior queda blanda y algo seca tras pasar por el fuego.
Qué ocurre dentro de la pieza durante el salado en seco
La primera fase se ve a simple vista. La sal en la superficie crea una zona de alta concentración y el agua de las capas más cercanas sale hacia fuera. A los 15-25 minutos, el filete brilla y bajo el pollo en la rejilla caen algunas gotas. Mucha gente entra en pánico en este momento y lo seca todo con papel. Un gran error.
La segunda fase empieza unos 40 minutos después. El líquido que había salido se ha transformado en una salmuera muy concentrada y la carne la reabsorbe. Llegados a este punto, la superficie vuelve a verse casi seca, solo un poco pegajosa al tacto.
La tercera fase es la más larga. La sal se reparte por las fibras y modifica el comportamiento de las proteínas musculares: se despliegan parcialmente, se contraen menos con el calor y retienen mucha más agua. El resultado práctico es sencillo: una pieza salada un día antes pierde menos jugo al asarse o freírse y, al cortarla, muestra un color rosado uniforme, sin ese borde grisáceo de medio centímetro.
Y hay un efecto extra. Mientras el alimento reposa destapado en la nevera, la superficie se seca. Una superficie seca se calienta mucho más rápido porque el calor no se gasta en evaporar el agua; así, la costra dorada aparece un minuto antes y queda más crujiente. La piel del pollo, tras pasar un día en la nevera, parece fino papel de pergamino al tocarla.
El objetivo de esta técnica no es que la comida sepa más salada. El objetivo es transformar su textura y lograr que la sal esté dentro de la pieza, no solo por encima.

El proceso de salmuera seca: desde la primera aplicación de sal hasta la reabsorción total de los jugos y el secado superficial.
Cuándo la salmuera seca le gana la partida al marinado
Cuanto más gruesa sea la pieza, más notarás la diferencia. En un entrecot de 4 cm de grosor, la diferencia entre salarlo el día antes o hacerlo en la sartén salta a la vista: en el primero, los jugos se quedan dentro de la carne; en el segundo, acaban formando un charco en la tabla de cortar.
Apuesta sin dudarlo por la salmuera seca para chuletones y filetes a partir de 2,5 cm de grosor, roast beef, lomo y aguja de cerdo, pollo entero, pavo, pato, lomos de salmón y trucha, o rodajas gruesas de pescado. También funciona de maravilla con el bacalao fresco y la lucioperca, aunque con sus propias reglas (te las cuento más abajo).
Deberías evitarla en unos pocos casos: cortes muy finos (la sal no tendrá tiempo de actuar o salará demasiado la superficie), pescados blancos delicados si los dejas mucho tiempo (la textura se vuelve demasiado firme, casi como jamón curado) y platos donde busques específicamente el sabor de un adobo o marinado: pollo en salsa de soja y jengibre, brochetas estilo shashlik (pinchos morunos marinados en kéfir o yogur) o costillas con glaseado pegajoso.
Aunque una cosa no quita la otra. Cuando hago cerdo a la parrilla, suelo salarlo un día antes y le pongo las especias secas una hora antes de pasarlo por las brasas: la sal se encarga de la jugosidad y las especias, del aroma.
| Objetivo | Qué elegir | Por qué |
|---|---|---|
| Entrecot o chuletón de 3–5 cm | Salmuera seca, 12–24 h | Sabor uniforme por dentro, costra dorada en un minuto |
| Pollo entero al horno | Salmuera seca, 12–24 h | La piel tiene tiempo de secarse y suflarse |
| Pavo de 5 kg | Salmuera seca, 24–48 h | La carne se sala por completo sin aguarse |
| Alitas de pollo, brochetas | Salado más marinado | Buscas el sabor del adobo, no solo el de la sal |
| Escalope fino, filete a la plancha | Salar justo antes de cocinar | No hay margen de tiempo para la difusión |
| Lomo de salmón | Salado corto, 40–60 min | Textura más firme, menos espuma blanca en la superficie |
| Bacalao fresco, lucioperca | Salado corto, 15–20 min | Si te pasas de tiempo, el pescado queda gomoso |
| Cerdo para la parrilla | Salar antes, especias después | El azúcar y el pimentón se queman en las brasas |
Cuánta sal necesitas para la salmuera seca
Aquí es donde fracasan más recetas que en ningún otro paso. Lo de «salar al gusto» no sirve para la salmuera seca: probarás el resultado al día siguiente, cuando ya no haya vuelta atrás.
Cuánta sal usar por kilo: 0,8 %, 1 % y 1,2 %
Calcula siempre la sal en función del peso en crudo del alimento. El uno por ciento de 1 kg son 10 g. Así de simple.
0,8 %: es lo que uso para el pescado y cuando el plato va acompañado de una salsa salada o queso. La carne queda suave y la sal se percibe como un toque de fondo.
1 %: es la medida estándar para ternera y aves. Es la más predecible y con la que es casi imposible equivocarse. Te recomiendo empezar por aquí.
1,2 %: es un punto de sal más marcado, ideal cuando quieres que el toque salado se note bien en cada loncha: un pavo entero, aguja de cerdo al horno o un buen roast beef. El tamaño de la pieza no cambia el porcentaje, sino el tiempo de reposo: cuanto más grande sea el corte, más tardará la sal en llegar al centro y más tiempo deberá pasar en la nevera. Así que usar un 1,2 % es pura cuestión de gustos.
Y lo más importante: esta es toda la sal que llevará la pieza. No vuelvas a salar antes de echarla a la sartén, y calcula aparte la sal de la salsa o la guarnición.
Una trampa muy común es el tipo de sal. Diez gramos de sal fina de mesa y diez gramos de sal gruesa salan exactamente igual, pero ocupan un volumen muy distinto: una cucharadita rasa de sal fina pesa unos 6 g, mientras que de sal gruesa o en escamas pesa unos 4-5 g. Si estás acostumbrado a usar sal gruesa y cambias a la fina midiendo a ojo con cuchara, te pasarás de sal en un treinta por ciento.
Si no tienes báscula
Estas medidas aproximadas están calculadas según el porcentaje de peso, usando sal fina en cucharaditas rasas. Aquí se pierde precisión, así que una báscula de cocina siempre será mejor que cualquier cuchara.
- Filete o entrecot de 300 g: 3 g, media cucharadita
- Pechuga de pollo de 200 g: 2 g, un tercio de cucharadita
- Pollo entero de 1,5 kg: 15 g, unas dos cucharaditas y media
- Aguja de cerdo de 1,5 kg: 15–18 g, unas tres cucharaditas
- Lomo de salmón de 500 g: 4–5 g, algo menos de una cucharadita
- Pavo de 5 kg: 50–60 g
Si usas sal gruesa, calcula aproximadamente un tercio más de volumen. O mejor aún, cómprate una báscula digital: cuesta menos que un buen corte de carne y te soluciona el problema para siempre.

Para un resultado infalible, la cantidad de sal se calcula siempre en porcentaje según el peso exacto de la pieza.
Cuánto tiempo dejar la carne, las aves y el pescado en salmuera seca
Esta tabla es el resultado de años de práctica en restaurantes y pruebas en casa. El tiempo mínimo es el umbral por debajo del cual no vale la pena hacerlo. El óptimo es el que yo uso casi siempre. El máximo es el límite a partir del cual la textura empieza a parecerse a la de un embutido o jamón curado.
| Producto | Grosor o peso | Sal | Mínimo | Óptimo | Máximo |
|---|---|---|---|---|---|
| Entrecot o solomillo de ternera | 2–3 cm | 1 % | 45 min | 4–12 h | 24 h |
| Chuletón grueso, tomahawk | 4–5 cm | 1 % | 2 h | 12–24 h | 48 h |
| Roast beef | 1,5–2,5 kg | 1–1,2 % | 6 h | 24 h | 48 h |
| Lomo de cerdo | pieza entera | 1 % | 4 h | 12–24 h | 36 h |
| Aguja o cabezada de cerdo | 1,5–2 kg | 1–1,2 % | 8 h | 24 h | 48 h |
| Pechuga de pollo | 180–250 g | 0,8–1 % | 30 min | 2–4 h | 12 h |
| Contramuslos y muslos de pollo | con hueso | 1 % | 1 h | 4–12 h | 24 h |
| Pollo entero | 1,3–1,8 kg | 1 % | 4 h | 12–24 h | 36 h |
| Pavo | 4–7 kg | 1–1,2 % | 12 h | 24–48 h | 72 h |
| Pato entero | 2–2,5 kg | 1 % | 6 h | 12–24 h | 48 h |
| Salmón, trucha (en lomos) | 2–3 cm | 0,8–1 % | 20 min | 40–60 min | 3 h |
| Rodaja de salmón | 3–4 cm | 1 % | 30 min | 1–2 h | 4 h |
| Bacalao fresco | filete o lomo | 0,8 % | 10 min | 15–20 min | 30 min |
| Lucioperca (o merluza firme) | filete | 0,8 % | 10 min | 15–25 min | 40 min |
Todo este proceso debe hacerse en la nevera a entre 0 y 4 °C, sobre una rejilla, sin tapa ni film transparente. El límite de temperatura no es negociable: la carne, el pollo y el pescado crudos deben conservarse siempre a un máximo de +4 °C.
Un apunte importante sobre el intervalo de entre 10 y 40 minutos: es el peor momento posible para cocinar. La sal ya ha sacado la humedad a la superficie, pero aún no se ha reabsorbido; la carne está mojada, no habrá forma de dorarla, se cocerá en su propio jugo y quedará gris. Así que, o salas justo al ir a la sartén, o esperas al menos 45 minutos.
Cómo hacer una salmuera seca perfecta: guía paso a paso en 10 puntos
- Seca bien el producto con papel de cocina. Sobre todo si es carne o ave envasada al vacío: siempre acumulan líquido y la sal simplemente se disolvería en él y resbalaría.
- Pesa la pieza. Sin este paso, todo lo demás es jugar a la lotería.
- Calcula la sal: el 1 % del peso como base, un 0,8 % para pescados y entre el 1 y el 1,2 % para aguja de cerdo u otros cortes grandes si te gusta un punto de sal más potente.
- Espolvorea la sal desde unos 25 centímetros de altura, pellizcando con dos dedos, por toda la superficie. No te olvides de los bordes y los laterales. En las aves, sala también la cavidad interior y despega con cuidado la piel de la pechuga para meter un poco de sal directamente sobre la carne.
- Coloca la pieza sobre una rejilla y pon debajo una bandeja o un plato. El aire tiene que circular por todas partes, incluida la base.
- Mételo en la nevera al descubierto, en el estante más bajo.
- No lo tapes. El film transparente arruina por completo el efecto de secado y, en lugar de una piel tersa, tendrás una superficie húmeda. Solo hay una excepción: si en la nevera hay algo con un olor muy fuerte, cúbrelo de forma holgada, dejando hueco para que respire.
- No lo laves. La sal ya está dentro, no hay nada que enjuagar, y el agua devolvería a la superficie toda esa humedad que te ha costado un día entero eliminar.
- Pasa un papel de cocina a toquecitos justo antes de cocinar. A veces queda una fina película ligeramente pegajosa en el exterior (son proteínas disueltas); déjala, porque ayuda a conseguir un dorado espectacular.
- No vuelvas a salar al cocinar. Si hace falta, añade unas escamas de sal ya en el plato, sobre la carne trinchada.

El pollo reposa sobre una rejilla en la nevera, sin tapar ni cubrir con film, para lograr una piel fina y ultracrujiente.
5 ejemplos prácticos que puedes poner a prueba hoy mismo
Entrecot (ribeye) de 400 g
Grosor de 3,5 cm, 4 g de sal y 12 horas de reposo sobre rejilla. Media hora antes de cocinar, sácalo de la nevera, sécalo con papel y no le untes absolutamente nada.
Sartén de hierro fundido bien caliente hasta que empiece a humear ligeramente, y un aceite con alto punto de humo. Al poner la carne, el chisporroteo debe ser fuerte e inmediato, sin pausas. Hazlo 2-3 minutos por cada lado, luego añade mantequilla con tomillo y ve bañando la carne con una cuchara. Retíralo cuando alcance los 50-52 °C en el centro; durante el reposo subirá a 54-55 °C, logrando ese punto medio rosado y uniforme de lado a lado. Déjalo reposar 8 minutos en un plato templado.
Cuando lo cortes en la tabla, verás apenas un par de gotas. En un entrecot salado al momento, tendrías un charco.
Pollo entero asado
Un pollo de 1,5 kg, 15 g de sal y entre 12 y 24 horas de nevera. Despega la piel de la pechuga con los dedos e introduce ahí aproximadamente un tercio de la sal; reparte el resto por fuera y por dentro de la cavidad.
Al día siguiente, la piel estará seca al tacto, tensa y ligeramente mate. Ásalo a 200 °C hasta que alcance los 74 °C en la parte más gruesa del muslo (para un pollo de este tamaño suelen ser unos 60-75 minutos). No lo riegues con ningún líquido durante los primeros 40 minutos o arruinarás el efecto de secado.
Como casi no queda agua en la piel, no hay nada que evaporar, así que empieza a dorarse desde el primer momento. Al cortarla, la piel cruje como el cristal.
Aguja de cerdo al horno
Una pieza de 1,5 kg, 15-18 g de sal (entre el 1 y el 1,2 %) y 24 horas de reposo. La grasa amortigua la sensación salada, por lo que con el 1 % queda suave y con el 1,2 % la sal se nota con carácter en cada loncha. Es un corte grueso y la sal necesita su tiempo, así que no tengas prisa.
Ásalo despacio, a 150 °C. Si quieres cortarlo en lonchas, llévalo hasta los 72-75 °C en el interior (para kilo y medio tardará unas dos horas y media) y déjalo reposar 20 minutos. Si prefieres una carne melosa que se deshaga con el tenedor, sube hasta los 90-95 °C internos, pero calcula unas cuatro horas de horno.
Gracias al salado largo, la aguja se mantiene jugosa al corte incluso al día siguiente, tomada en frío. Esa es la prueba de fuego: si el fiambre frío no está seco, lo has bordado.
Salmón
Un lomo de 500 g, 4-5 g de sal y 40-60 minutos de reposo con la piel hacia abajo sobre la rejilla. No lo dejes más de tres horas o acabarás haciendo salmón marinado.
Sécalo con papel, ponlo con la piel hacia abajo en la sartén caliente y presiona con la espátula durante 10 segundos para que la piel no se encoja. Cocínalo 4-5 minutos a fuego medio y luego dale solo un minuto por el otro lado. Esos restos blancos de proteína coagulada (albúmina) que suelen asomar por los bordes casi desaparecen con este método: es el agua al salir la que los empuja, y aquí hemos reducido el agua libre.
Yo retiro el salmón cuando marca 48-50 °C en el centro; así se separa en lascas perfectas y queda superjugoso. Si te gusta el pescado más hecho, llévalo a 63 °C, aunque la textura será más firme.
A veces, si el filete es fino, me basta con media hora de salado. Solo lo dejo un par de horas cuando son rodajas muy gruesas con piel.
Bacalao fresco y lucioperca
Con el pescado blanco pasa justo lo contrario: el margen de tiempo es corto y muy estricto. Usa un 0,8 % de sal (para un lomo de 400 g son poco más de 3 g), déjalo entre 15 y 20 minutos a temperatura ambiente o en la nevera, y luego sécalo muy bien con papel.
Este salado exprés hace que los lomos delicados ganen firmeza y no se rompan en la sartén al darles la vuelta. Pero si lo dejas una hora, el pescado se volverá gomoso de forma irreversible. La lucioperca (o una merluza muy firme) aguanta un poco más que el bacalao, pero tampoco mucho más.

Salmón a la plancha por el lado de la piel: un salado corto en seco reafirma la carne y evita que salga esa espuma blanca de proteína.
8 errores clásicos que arruinan el resultado
Pasarse del 1,5 % de sal. Si te pasas de sal con esta técnica, no hay arreglo posible: la sal ya está dentro de las fibras. Si te das cuenta durante la primera media hora, sacude el exceso, dale un enjuague rápido con agua fría, sécalo bien y cocínalo sin añadir ni pizca de sal. Si te das cuenta al día siguiente, solo te queda compensar en el plato: guarniciones ácidas, nata agria, muchas hierbas frescas o unas patatas cocidas sin sal.
Salar menos de 20 minutos antes de ir a la sartén. Es el famoso punto muerto. La superficie está empapada, la temperatura de la sartén cae en picado y la carne se cuece al vapor quedando gris. La regla es clara: o salas al momento, o esperas mínimo 45 minutos.
Volver a salar antes de cocinar por pura inercia. La mano va sola al salero, sobre todo porque la carne se ve seca. Recuerda que la sal ya está dentro; si le echas más, la duplicarás. Si tienes dudas, corta una tirita fina, pásala por la sartén y pruébala.
Medir sal fina a cucharadas en vez de pesarla. El clásico error que te da un 30 % más de sal. Los cristales finos se compactan mucho más en la cuchara y pesan bastante más que la sal gruesa a igual volumen.
Guardar la carne en una bolsa o táper cerrado. El alimento se queda bañándose en su propio líquido, el exterior no se seca y te despides de la costra crujiente. Pierdes la mitad de las ventajas del método. Usa siempre rejilla y déjalo al aire.
Dejar el pescado blanco demasiado tiempo. Un filete de bacalao tras una hora de sal parece una goma de borrar. Aquí el «cuanto más tiempo, mejor» no funciona: necesitas precisión y tiempos cortos.
Tener la nevera poco fría. A partir de +5 °C, dejar un pollo crudo al descubierto es peligroso, y acortar el tiempo a unas pocas horas no soluciona el riesgo sanitario. Cómprate un termómetro de nevera (cuestan poquísimo), ponlo en el estante y comprueba a qué temperatura real enfría.
Entrar en pánico al ver salir el líquido. El fallo más habitual. La gente ve gotas a la media hora, piensa que la carne se está quedando seca y corre a limpiarla o lavarla. Parte de esa humedad volverá a entrar en la pieza, parte se evaporará y unas gotas caerán a la bandeja. Lo rápido que se seque el exterior dependerá del corte, la temperatura, la humedad ambiente y de si tu nevera tiene ventilador (no frost). Cuando vayas a cocinar, la superficie debe estar seca al tacto: guíate por eso y no solo por el reloj.
Especias: cuáles poner al principio y cuáles al final
Junto con la sal puedes poner todo lo que sea seco y aguante bien el calor: ajo granulado, tomillo seco, romero, cilantro molido o piel de cítricos seca. En 24 horas tienen tiempo de perfumar la capa superficial y no se queman tanto.
El ajo fresco resérvalo para el final. Si lo dejas un día en la nevera sobre la carne, cogerá un olor a crudo muy fuerte, y en la sartén se quemará en diez segundos dejando un amargor imposible de disimular. Úsalo para frotar la carne ya hecha o échalo a la sartén en el último minuto junto con la mantequilla.
Con el pimentón pasa lo mismo. Sus azúcares se oscurecen a fuego vivo y amargan, así que en un filete a la plancha es mejor ponerlo al final, aunque para un asado lento al horno a 150 °C sí puedes añadirlo desde el principio.
La pimienta negra tiene su truco. Si vas a sellar un chuletón en una sartén de hierro humeante, la pimienta molida se quema y deja un picor áspero en la garganta; en ese caso, yo la pongo después. Para asados largos a temperatura moderada, la añado desde el principio recién molida en grano grueso.
El azúcar funciona como un acelerador del dorado y redondea el punto de sal. Usa aproximadamente una cuarta parte del peso de la sal (unos 2-3 g de azúcar por cada 10 g de sal), pero solo para pollo, pato o cerdo. En un entrecot a fuego fuerte, el azúcar será lo primero en carbonizarse.
Las hierbas frescas tiernas, como el perejil o la albahaca, no pintan nada en la salmuera seca: se ponen negras y pierden todo su aroma. Su sitio está en el plato terminado.

Las especias secas se pueden añadir desde el principio con la sal, pero el ajo y las hierbas frescas deben reservarse para el final.
6 trucos que me traje de las cocinas profesionales
Rejilla en lugar de plato. En un plato, la base de la carne se queda encharcada en su jugo y no respira. Sobre una rejilla, el aire circula por los 360 grados y la pieza se seca por igual. La bandeja de abajo solo sirve para no manchar la nevera.
Aprovechar el frío ventilado. En una nevera moderna con sistema no frost (ventilador), la superficie se seca mucho antes, ya que funciona casi como un deshidratador suave. Es de esas veces en las que el electrodoméstico trabaja gratis para ti.
Una pizca de levadura química (polvo de hornear) en la sal para la piel del pollo. Un medio ligeramente alcalino acelera la reacción de Maillard (el dorado), haciendo que la piel se llene de microburbujas y quede ultra crujiente. Ojo con la proporción: nunca uses más de una cuarta parte del peso de la sal o dejará un regusto jabonoso. En las alitas de pollo el efecto es brutal.
El aceite, justo antes del fuego. Si embadurnas la carne con aceite al principio, crearás una barrera impermeable, la humedad no podrá salir y el día en la nevera no habrá servido de nada. El aceite se pone en el último segundo, en una capa finísima, justo antes de tocar la sartén.
Salar desde las alturas. Parece un gesto de postureo, pero tiene toda la lógica: al lanzar la sal desde unos 25 cm de altura, los cristales caen abiertos y se reparten como una lluvia uniforme. Si salas a 5 cm de la carne, acabarás con tres pegotes salados y los bordes sosos.
Salar al volver de la compra, no al ponerte a cocinar. Llegas a casa con el pollo, lo sacas del envase, lo secas, lo salas y lo dejas en la rejilla de la nevera. Listo, la cena de mañana ya está medio hecha. Al principio, en casa me preguntaban por qué había un pollo desnudo en la nevera sin tapar. Al poco tiempo dejaron de preguntar eso y empezaron a preguntar cuándo iba a hacer el siguiente.
En la barbacoa o parrilla la diferencia es todavía más bestia. Como la superficie está seca, la carne no suelta esa nube de vapor sobre las brasas, la costra se forma un par de minutos antes y todos los jugos se quedan encerrados dentro, justo donde más suelen perderse al cocinar a la parrilla.
Por qué la salmuera seca jamás reseca la carne
Es cierto que la sal extrae humedad; el mito tiene una base real. El problema es que se queda solo con lo que pasa en los primeros 20 minutos y saca conclusiones precipitadas sin esperar al final de la película.
Aquí no hay ningún secreto de alta cocina ni ninguna moda pasajera. Ya tienes un paquete de sal en la despensa y una rejilla dentro del horno. No necesitas especias exóticas, ni marinados complicados, ni aparatos caros: solo tienes que acordarte de echar la sal un día antes.
Un pollo salado anoche lleva exactamente los mismos 15 gramos de sal que uno salado un minuto antes de entrar al horno. La única diferencia es en qué momento abriste el salero.
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