Esta tarta húmeda de manzana con coco y nueces es una auténtica locura. El bizcocho se empapa de nata dulce y coco, absorbiendo todo el sabor como si fuera una esponja. La receta es muy sencilla; he sustituido parte del azúcar por confitura de frutas, y ese toque de frambuesa le queda de maravilla. La combinación de manzanas agridulces con el aroma tropical del coco y la textura rústica de la nuez crea una paleta de sabores riquísima. Mientras la tarta se hace en el horno, la cocina se inunda de ese aroma tan acogedor a canela que reúne al instante a toda la familia alrededor de la mesa.

Apetecible tarta casera de manzana con una costra crujiente de nuez y coco, ideal para tomar con el té.
Ingredientes
- 300 g de manzanas
- 100 g de nueces
- 2 huevos
- 100 g de azúcar
- 100 g de mermelada
- 50 g de aceite de girasol
- 180 g de harina de trigo
- 1 cucharadita de levadura química
- 1 cucharadita de canela molida
Ingredientes para el glaseado
- 250 g de nata para cocinar (10% de materia grasa)
- 50 g de azúcar
- 50 g de mantequilla
- 35 g de coco rallado
- 2 cucharaditas de melaza de malta (o miel de caña)
Elaboración de la tarta de manzana con coco rallado y nueces
Puedes mezclar la masa a mano o usar un robot de cocina. En un bol profundo, pon tu mermelada o confitura de frutas favorita; en esta receta uso mermelada de frambuesa. Casca los huevos y añade el azúcar. Bate los ingredientes con unas varillas. Si la mermelada tiene trozos de fruta, te aconsejo triturar la mezcla con una batidora de mano.

Empezamos mezclando la mermelada, los huevos y el azúcar. Si la mermelada tiene trozos, bátela un poco.
Mezcla la harina de trigo con la levadura química. Tamiza la harina sobre el bol con los ingredientes líquidos.
Vierte el aceite de girasol refinado u otro aceite vegetal suave y mezcla bien la masa.
Corta las manzanas agridulces en láminas finas. Incorpóralas a la masa.
Espolvorea la canela molida. Si quieres, añade una cucharadita de extracto de vainilla.
Remueve todos los ingredientes con cuidado y nuestra masa estará lista.
Forra un molde con papel de horno y engrásalo con un poco de aceite o spray desmoldante. Vierte la masa y alisa la superficie. Para esta receta utilizo un molde de 18×20 centímetros.
Pica las nueces a cuchillo, machácalas con un rodillo o tritúralas en la picadora. Esparce las nueces sobre la masa de manera uniforme. Precalienta el horno a 180 grados centígrados. Introduce la tarta en el horno precalentado y hornea durante 40 minutos. Comprueba que esté hecha pinchando el centro con un palillo de madera: debe salir seco.
Mientras se hornea la tarta, prepara el glaseado cremoso. Pon en un cazo el azúcar, el coco rallado y la mantequilla.
Vierte la nata para cocinar (con un 10% de materia grasa) o leche entera.
Añade la melaza de malta (un sirope denso y dulce), que le dará al glaseado un toque acaramelado. En lugar de azúcar blanco y melaza, puedes usar azúcar moreno para conseguir el mismo efecto. Lleva la mezcla a ebullición y cuece el sirope a fuego lento durante 3-5 minutos sin dejar de hervir. Mantén el glaseado caliente hasta que la tarta salga del horno.
Saca la tarta del horno. No hace falta desmoldarla todavía. Pincha la superficie de la tarta varias veces con un palillo de madera.
Vierte el glaseado de coco caliente por encima. La nata tardará unos 3 minutos en empapar el bizcocho; el coco rallado y las nueces se quedarán en la superficie formando una costra deliciosa.

Bañamos la tarta de manera uniforme con el sirope caliente. La nata se absorbe y el coco se queda en la superficie.
Tira suavemente de los bordes del papel y saca la tarta ya fría del molde. Córtala en porciones y sírvela con un buen café o té.
Para que tu tarta de manzana con coco y nueces quede perfecta, sírvela ligeramente templada. Acompaña genial no solo con un té o café caliente, sino también con una bola de helado de vainilla que empezará a derretirse despacito sobre la costra caliente de frutos secos. Si te gusta probar cosas nuevas, cambia la mermelada de frambuesa por una de albaricoque o cereza: le dará otro matiz de color y sabor a la masa. Guarda lo que sobre en un recipiente hermético para que el bizcocho siga igual de jugoso e impregnado al día siguiente. Por cierto, si no tienes melaza a mano, usa sin miedo azúcar de caña: aportará al glaseado un ligero sabor a caramelo y un tono dorado precioso. El gran secreto de esta receta es no tener prisa al pinchar la masa con el palillo; así te aseguras de que cada porción absorba la salsa cremosa hasta la base.












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